Se libra la batalla de Magenta, la más importante de la unificación italiana

Tal día como hoy del año 1859, hace 167 años, en las afueras de la ciudad de Magenta (entonces Reino de Piamonte-Cerdeña), se libraba una batalla que enfrentaría a una alianza de los ejércitos francés y piamontés, formada por 72.000 efectivos (50.000 franceses y 12.000 piamonteses), contra las armas austrohúngaras, integradas por 68.000 hombres. Aquella batalla se libró en el marco de la segunda, y definitiva, Guerra de la Unificación —o de la Independencia— italiana (1859-1861), impulsada por el Reino de Piamonte-Cerdeña.

Magenta no fue el choque más mortífero ni el más épico de aquel conflicto, pero sí sería decisivo para los intereses de los piamonteses —motor de la unificación italiana— porque, fruto de la victoria franco-piamontesa en aquel campo de batalla, los austrohúngaros se verían obligados a retirarse hasta el lago de Garda y entregar la Lombardía —la zona más poblada y más rica de la península italiana, y el balcón territorial para acceder a Venecia y el mar Adriático— a los constructores de la patria italiana. Al día siguiente de la batalla de Magenta, el rey piamontés entraba en Milán.

Aquella batalla también puso sobre la mesa una serie de realidades. La principal era que los piamonteses no podrían culminar la obra unificadora italiana sin la ayuda de los franceses. Austria-Hungría y Prusia estaban en el otro extremo, y la participación francesa en el proyecto italiano era necesaria para equilibrar los pesos. Una alianza que la futura Italia pagaría muy cara. Napoleón III exigió la cesión del condado de Niza —la ciudad natal de Garibaldi—, que se materializaría con un referéndum fraudulento celebrado en abril de 1860. También exigió y consiguió la cesión de la Alta Saboya.