Tal día como hoy del año 1274, hace 752 años, el rey Jaime I otorgaba la carta fundacional de Vila-real, en el centro de una amplia extensión de terreno de titularidad real situada en el valle bajo del río Millars. Vila-real fue planificada sobre la orilla derecha del río, justo al otro lado de Castelló, fundada en 1252 y también de titularidad real. El término que se asignó a Vila-real se segregó del de Burriana. La Carta Pobla que firmó Jaime I decía: “en el qual terme tingueu ús d'aigües, i de llenya, i d'herbes, i de pedra, i de calç, i de totes les altres coses necessàries per a vosaltres o per al vostre ús i dels vostres ramats, lliurement i en pau, i en tot açò ningú tinga força per fer-vos impediment o perjudici de cap manera”.

Desde la caída del Imperio romano (siglo V), las construcciones o renovaciones se ejecutaban de forma desordenada y sin un criterio urbanístico, ocupando parcial o totalmente espacios urbanos de uso público y desdibujando la disposición geométrica del plano. Y las nuevas fundaciones que se habían impulsado durante la alta Edad Media —pequeñas comunidades rurales— se habían dispuesto sobre el terreno sin ningún criterio urbanístico, siguiendo, simplemente, los desniveles naturales del mismo. Pero superado el año 1000, algunas ciudades habían recuperado, mínimamente, la memoria de ese urbanismo ordenado de la época romana y habían intentado, sin mucho éxito, replicar la trama antigua. Sería el caso de la recuperación y restauración de Tarragona.

Pero en el caso de Vila-real, previamente a la ocupación, ya se trazó un planeamiento geométrico, que la villa de Castelló —fundada dos décadas antes— no tuvo. El dibujo que planeaba la disposición urbanística de Vila-real (1274) trazaba unos límites totalmente rectangulares, marcados por la muralla y, en su interior, calles paralelas y perpendiculares que se cortaban formando ángulos de 90 grados. También en su interior, destacaban dos calles principales, una de norte a sur —que era la vía urbana del camino real de Barcelona a València— y otra de este a oeste, que recordaban el cardo y el decumanus clásicos de las ciudades romanas. El planeamiento de Vila-real sería el primero en la península ibérica de tipo reticular en la época medieval.