Tal día como hoy del año 1833, hace 192 años, en Barcelona; la fábrica Bonaplata -situada en la calle Tallers- iniciaba su andadura. La Bonaplata, dedicada a la fundición, sería la primera fábrica de la península Ibérica que podría ser llamada “industria”, por qué era la primera instalación fabril del territorio peninsular que incorporaba la máquina de vapor como fuerza motriz del trabajo; y a partir del hecho, destinaría una parte de sus instalaciones a la fabricación textil. Sus propietarios, los Bonaplata, habían adquirido una máquina de vapor de 30 C.V. de la marca Hall, fabricada en Inglaterra. 

Los trabajadores contemplaban estas máquinas como una amenaza a sus puestos de trabajo, y en otros países que ya habían iniciado la implantación de estas máquinas en las cadenas de producción, se habían producido conflictos graves entre patronos y empleados. En la fábrica Bonaplata de Barcelona, la instalación de esta máquina provocaría la aparición del primer episodio de ludismo (rechazo a la presencia de este tipo de fuerza motriz en el interior de las fábricas) de la historia social catalana. Sin embargo, durante los primeros meses, la tensión no traspasaría el límite de las amenazas.

Pasado un año y medio, la situación de conflicto larvado estaba a punto de trascender a un plano abierto. Y esto acabaría sucediendo la noche del 5 al 6 de agosto de 1835, después de una corrida de toros muy floja en la plaza de la Barceloneta que causó el enfado del público. Aquel malestar fue aprovechado por un grupo de luditas para asaltar la fábrica e incendiarla. Según la investigación historiográfica, entre la turba incendiaria se mezcló la patulea (obreros sin trabajo, forasteros desclasados y vagabundos violentos). La fábrica Bonaplata y la máquina de vapor quedarían destruidas.

Los Bonaplata responsabilizaron al gobierno, que conocía el nivel de amenaza sobre la fábrica, y le exigieron una indemnización. Pero el gobierno de Francisco Cea Bermúdez, implicado en la Primera Guerra Carlista (1833-1840) admitió que la Milicia Nacional (un cuerpo paramilitar) no había estado a la altura esperada; pero se declaró incapaz de compensar dinerariamente la pérdida de los Bonaplata. Solo pudieron ofrecerles la venta por un precio simbólico de una fábrica de titularidad pública en Sevilla: la Fundición de San Antonio.

Los Bonaplata se trasladaron a Sevilla y relanzaron aquella fábrica deficitaria. Ganaron el concurso para la construcción del puente de Isabel II -conocido, popularmente, como Puente de Triana-, y desplegaron una intensa actividad en la capital andaluza y sus alrededores. Y en 1846 -once años después del incendio y destrucción intencionado de la fábrica de Barcelona-; Narcís Bonaplata -convertido en concejal de economía del ayuntamiento sevillano-; y junto con otro concejal de origen vasco llamado José María de Ybarra, se convertían en los fundadores de la Feria de Abril.