Tal día como hoy del año 1956, hace 70 años, se iniciaba un episodio meteorológico de una duración de tres semanas, marcado por una fuerte caída de temperaturas que sería la ola de frío más gélida del siglo XX. Según las fuentes documentales, durante estas tres semanas (1 al 22 de febrero de 1956) se produjeron cuatro invasiones consecutivas de frío siberiano (miércoles 1, domingo 5, sábado 11 y lunes 13) que hicieron caer los termómetros a temperaturas hasta entonces totalmente inéditas. El observatorio del lago Gento (Vall Fosca – Pallars Jussà) registró una temperatura de 32 grados negativos, la más baja de la historia de Catalunya y de la península Ibérica desde que se dispone de datos meteorológicos.

Este fenómeno se produjo por la presencia de un potente anticiclón estacionado en el cuadrante noroccidental del continente y de una importante borrasca sobre el Mediterráneo. El gradiente generado entre estos dos centros de acción propiciaría el desplazamiento de aire muy frío, fenómeno que conocemos como “entrada de aire frío siberiano”. Algunas ciudades europeas registraron temperaturas mínimas jamás conocidas desde que hay registros: 35 grados negativos en San Petersburgo (Rusia) y en Múnich (Baviera – Alemania), o 32 grados negativos en Innsbruck (Tirol – Austria). Y los grandes ríos continentales —en su curso medio y bajo— como la Garona, frente a Toulouse; el Rin, frente a Colonia; o el Danubio, frente a Viena; se helaron.

En Catalunya, además de los 32 grados negativos del Estany Gento; en el Turó de l’Home y en Vielha, el mercurio bajó hasta los 20 grados negativos. En Puigcerdà hasta los 16 grados negativos. En Girona, en Cervera, en Tàrrega, en Reus y en Sant Sadurní hasta los 11 negativos. Y en Barcelona hasta los 7 negativos. La prensa de la época relata que en algunas playas del Alt Empordà y del Rosselló el agua del mar se heló. Y explica que las semanas anteriores habían estado dominadas por un tiempo de bonanza que animaría a los campesinos a podar los olivos y que a causa de esta helada —que cogió la savia de los árboles en ascenso— se produciría la rotura de troncos y ramas y en la zona del Alt Empordà se perderían las ¾ partes de este cultivo.