Tal día como hoy del año 1826, hace 200 años, el explorador escocés Alexander Laing (Edimburgo, 1793) entraba en Tombuctú y se convertía en el primer europeo moderno y no musulmán que accedía a la mítica ciudad que había sido la capital comercial y cultural de los imperios medievales Mali y Songhai. Entre los siglos XIV y XVI, Tombuctú había sido el principal mercado de oro, de esclavos, de especias y de sal de la ruta transahariana (el camino que unía la costa mediterránea africana y el golfo de Guinea) y había sido, también, la sede de la Universidad de Sankore, el centro de estudios islámicos más importante del continente africano. Desde aquella época, los gobernantes de la ciudad habían prohibido la entrada a la ciudad de cualquier persona no musulmana.
Laing, que era oficial del ejército británico y que, por encargo del gobierno de Londres, había participado en diversas misiones exploratorias en el Sáhara y en el Sahel, fue elegido para viajar hasta Tombuctú y tejer relaciones diplomáticas con sus gobernantes. A inicios de octubre de 1825, salió de Gadamés (en el interior de la actual Libia) y, después de 1.600 kilómetros de recorrido y de tres meses de viaje a través del desierto del Tanezrouft, llegó a Tamentit (en el interior de la actual Argelia). Desde allí inició la travesía de la cordillera de Assekrem buscando el valle del río Níger. Pero, poco antes de llegar a Tombuctú y después de 4.000 kilómetros de recorrido y de ocho meses de viaje, fue atacado por unos caravanistas tuaregs y perdió una mano.
Malherido, consiguió llegar a Tombuctú, pero sus gobernantes, de las tribus songhai y fulai (de etnia negra y de religión musulmana), no lo recibieron bien y, después de 38 días de estancia, fue obligado a abandonar la ciudad. Laing, todavía convaleciente de las heridas del ataque de los caravanistas, inició el camino de regreso el 25 de septiembre y, al día siguiente, 26, fue asesinado en las afueras de Tombuctú por orden de un dirigente tuareg porque se había negado a convertirse al islam. Dejó algunas notas escritas que revelaban que la ciudad había perdido el brillo de épocas pasadas de las que hablaban las fuentes documentales y que, a causa de esta crisis y este empobrecimiento económico y cultural, su sociedad practicaba un islam muy radicalizado.