Tal día como hoy del año 526, hace 1.500 años, en la costa oriental del Mediterráneo, en aquel momento articulada por las provincias bizantinas de Cilicia y Siria, se producían un tsunami y un terremoto de grandes dimensiones. Los geólogos actuales estiman que aquel fenómeno habría tenido una intensidad 12 en la escala modificada de Mercalli (la máxima intensidad de un movimiento sísmico). Según las fuentes documentales de la época, el tsunami que precedió al terremoto habría arrasado buena parte de las ciudades costeras de Cilicia y Siria.
Según las mismas fuentes, poco después del tsunami se habrían abierto grandes grietas en la tierra que habrían destruido —parcial o totalmente— pueblos, villas y ciudades de la zona litoral de la región que no habían sido afectados por el tsunami. La investigación historiográfica moderna ha revelado la existencia de niveles de destrucción muy importantes en las ciudades de Tarso y Antioquía —capitales de las provincias de Cilicia y Siria— y calcula que aquel fenómeno habría causado la muerte de entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Por lo tanto, sería el más mortífero de la historia de Europa.
El terremoto del 526 sería el inicio de una serie de fenómenos destructivos que se producirían en cadena y que pondrían al Imperio bizantino al borde de su desaparición. Tan solo quince años después, se declararía la Plaga de Justiniano (541-542), llamada así por el nombre del emperador que gobernaba en aquel momento. Esta plaga llegaría desde Asia y, a través del comercio naval en el Mediterráneo, se extendería por todo el continente. Sería la primera gran pandemia documentada de peste bubónica y, según la investigación historiográfica moderna, causaría alrededor de cincuenta millones de muertos.