La explosión de la coalición Convergència i Unió y el posterior estallido del partido nacionalista por antonomasia fundado por Jordi Pujol, Convergència Democràtica, que fue disuelto el 8 de julio de 2016, dio pie a una detonación errática y desordenada de aquel espacio político. Primero fue el PDeCAT, que trató de ser el contenedor en el que pudiera confluir mayoritariamente el mundo convergente y, por eso, militaban los principales dirigentes y sus cuadros más importantes. Por citar solo tres, los expresidents Artur Mas y Carles Puigdemont y el exalcalde Xavier Trias.
Sin la declaración de independencia de 2017 es probable, no seguro, que este espacio político se hubiera mantenido cohesionado. Aunque también era evidente que tenía demasiadas grietas y convergían estrategias y horizontes nacionales muy diferentes. Lo cierto es que la aplicación del 155, la disolución del Govern, el exilio y la prisión, y la convocatoria de elecciones catalanas por parte de Mariano Rajoy aquel mes de diciembre de 2017 lo puso claramente de manifiesto. El PDeCAT ya no servía y se presentó como nueva marca electoral Junts per Catalunya, que integraba al PDeCAT pero tenía nuevos rostros, ensanchaba hacia la izquierda la mirada del viejo mundo convergente y era, al menos en el discurso político, mucho más radical e independentista.
Aunque aún no hace seis años de ello, la realidad es que alrededor de Junts hay una constelación de partidos que o bien carecen de representación parlamentaria o la han ido perdiendo a medida que han ido celebrándose elecciones. El PDeCAT, que es el más importante, se quedó fuera del Parlament en las últimas elecciones catalanas al no obtener representación parlamentaria y ahora concurre a las españolas y ninguna encuesta se acerca a darle ningún diputado.
Pero aún hay otros botes electorales que han conseguido espacio mediático y financiación, aunque sus expectativas electorales eran inexistentes. Uno de ellos ha sido Valents, que en las últimas elecciones municipales obtuvo 15.411 votos, el 2,31%. Son pocos para salir, ya que es exigible por ley el 5%, pero muchos sufragios perdidos que, desde luego, mayoritariamente habrían ido a parar a Xavier Trias, que habría ampliado su victoria. Pero desde 2017 ha habido un interés para recortar el perímetro de este espacio político. La operación Manuel Valls fue otra de ellas, en aquel caso para impedir el acceso de Ernest Maragall a la alcaldía, aunque fuera a costa de entregar las llaves de la ciudad a Ada Colau.
Valents nunca ha sido nada, pero ha hecho el trabajo que le fue encomendado. Se desintegra como partido año y medio después de su refundación y presenta concurso de acreedores. Era un muerto viviente con muchas páginas de periódico y minutos de radio y televisión y pasa a ser un muerto a todos los efectos. Un funeral discreto, sin duelo alguno, con el verano por delante y con deudas.