He sostenido siempre que Ciudadanos ha sido desde sus inicios un partido carente de ideología y que su único objetivo en la vida pública ha sido desestabilizar o, mejor dicho, oponerse a una idea de Catalunya donde pudiera competir contra la lengua, la cultura catalana, la identidad y la nación. Sin principios políticos y carentes de un programa electoral, solo han sabido practicar una política a la contra despuntando siempre el odio como eje vertebrador y desestabilizador de la convivencia. Por eso, Ciudadanos no ha aportado nada a la vida pública y ha sido más un elemento perturbador que de cohesión y su práctica desaparición no guarda secreto alguno. Sin proyecto, te acaban mandando a casa. O dicho de otra manera, cuando el único proyecto eres tú, la desaparición es inexorablemente la siguiente pantalla.

Aunque todo el mundo daba por segura la alianza entre el PP y Ciudadanos —un eufemismo, porque era una absorción— para las próximas elecciones catalanas del 12 de mayo, el acuerdo ha saltado hecho trizas y concurrirán por separado. Ello pese a que ninguna encuesta le da opción alguna a Ciudadanos. Se repite aquí la dinámica de las pasadas elecciones municipales y españolas en que ya se quedaron fuera de las instituciones. La formación que fundó Albert Rivera y que lidera en Catalunya Carlos Carrizosa quería una coalición y el PP, con una cierta lógica, se ha negado, ya que el tiempo en que los naranjas aportaban algo se ha esfumado. Irán por separado, pero lo más relevante para mí es que son incapaces, como lo han sido desde su fundación, de llegar a algún acuerdo con alguien que no fueran ellos mismos.

Sin principios políticos y carentes de un programa electoral, solo han sabido practicar una política a la contra despuntando siempre el odio como eje vertebrador y desestabilizador de la convivencia

El principal beneficiado de este movimiento es el PSC, ya que la parte más importante de los votos que acabe teniendo Ciudadanos en los próximos comicios serán sufragios que hubieran podido ir muy bien al PP. Aquí, Salvador Illa gana por partida doble: los votantes que puedan pasar de Ciudadanos al PSC pasarán todos, apareciendo, además, como el partido refugio para impedir una victoria independentista; y los que duden entre PP y Ciudadanos, igual sucede que se acaban quedando algunas decenas de miles en esta última formación. Aunque no es la batalla más importante, dada la debilidad de Pedro Sánchez en España, también hay otra guerra de menor dimensión aquí, pero importante en Madrid, como es la diferencia el 12 de mayo en Catalunya entre socialistas y populares.

A Pedro Sánchez le interesa salir lo menos corneado posible del triple ciclo electoral que tiene entre abril y junio. Elecciones en el País Vasco el 21 de abril, las catalanas del 12 de mayo y las europeas del 9 de junio. En las dos primeras, su posición es ventajosa, pero también se medirá en cuánto se recorta la diferencia entre ambos. En los comicios al Europarlamento, el PP parte con una ventaja muy amplia. El cómputo final de los resultados y los equilibrios para la gobernabilidad de Euskadi y Catalunya facilitarán una radiografía precisa sobre si hay legislatura en España o, por el contrario, hay una muerte súbita que obliga a Pedro Sánchez a una nueva convocatoria electoral, quién sabe si en otoño o principios de 2025. Ello sin descontar una moción de censura. Nunca los diferentes mapas electorales habían estado tan endiabladamente complicados y las alianzas en un sitio habían tenido consecuencias inmediatas en otro.