Si algo necesitaba la economía catalana era volver a colgar el cartel de hoteles llenos, y el número de pernoctaciones en esta Semana Santa lleva camino de superar todos los récords en la capital catalana, incluso los previos a la pandemia de 2020 y que ya alcanzaron un muy buen 2018. Contrasta el vacío de Barcelona en muchas calles de la capital, donde fácilmente se pueden ver las zonas de aparcamiento vacías, con las explicaciones tanto de hoteleros como de taxistas, los que mejor conocen si llegan o no llegan turistas, más allá de las cifras oficiales que se ofrecen.
Y no tienen duda: Barcelona está con unas cifras de ocupación hotelera alta y muchos establecimientos han aprovechado para subir tarifas dado el volumen de visitantes. Ya sé que el turismo es objeto de debate siempre y nunca el número de visitantes es del agrado de todos, pero lo que es indiscutible es que la ciudad se beneficia y la economía también. Respecto al tipo de turista más beneficioso, estaría bien que se hablara en la campaña de las próximas elecciones municipales y también si se deben conceder nuevas licencias a hoteles de gama alta, siguiendo la estela de las muchas inauguraciones que se han producido en Madrid o, por el contrario, se debe mantener el proceso restrictivo de los últimos años.
Este es un debate imprescindible porque cruceros y hoteles de lujo favorecen un determinado tipo de turismo, sobre todo europeo, americano y asiático, que dejan un gasto per cápita mucho más elevado. Un amigo hotelero de Barcelona al que me acostumbré a preguntarle durante la pandemia cómo superaban aquel escenario de hoteles cerrados durante tanto tiempo, que fueron alrededor de 500 días cerrados y 0 euros de ingresos, me comentaba este viernes que este año van mejor que en 2019, que para ellos ya fue histórico. Y que esta Semana Santa están al 95% de ocupación media semanal.
En el Pirineo y en la Costa Brava y en la Costa Daurada, lugares mucho más utilizados por el turismo interior, se respira igualmente optimismo. En las comarcas de Tarragona, por ejemplo, las cifras ofrecidas en un primer balance hablan de más del 80% de ocupación pese a la inflación y la situación económica; en el Pirineo catalán, donde el tiempo ha acompañado más que en los pronósticos iniciales, esperan cumplir las previsiones del 90% que había realizado el Patronat de Turisme de la Diputación de Lleida.
Lejos queda aquella Semana Santa de 2021, considerada la peor de la historia para el turismo. Ya sé que el turismo es solo una parte de la economía, pero representa el 12% del PIB catalán y alrededor del 13% del total de ocupados en Catalunya. Cifras todas ellas nada despreciables, por más que el debate sobre el turismo siempre esté en el ojo del huracán.