Escuchando al presidente norteamericano, Donald Trump, en su desaliñada intervención de 20 minutos en televisión para explicar la situación en la guerra de Irán, uno tiene la impresión de que el inquilino de la Casa Blanca se ha quedado sin relato. El hombre que, con su discurso caótico pero convincente para su legión de simpatizantes, ha tropezado con la realidad: los ayatolás siguen al frente de Irán, su popularidad se ha desplomado hasta porcentajes impensables al inicio de su segundo mandato y la economía, lejos de remontar, está sembrando su base electoral de incertezas. Por ello, aborda las elecciones de medio mandato del próximo noviembre con una posición de ventaja para los demócratas que, sin comerlo ni beberlo, han encontrado un filón en los errores de Trump.
Todo ello cuando aún está por decidirse si despliega tropas terrestres masivamente o no y si cumple su amenaza de retirarse dejando el problema del estrecho de Ormuz para los europeos. Trump intenta convencer a los norteamericanos de que no quería ir a la guerra, pero no ha tenido más remedio para parar a los iraníes. Una encuesta reciente de la cadena CNN ofrecía datos demoledores para Trump: su índice de aprobación era del 35 %, tan solo el 34 % de los estadounidenses aprueba la decisión de emprender acciones militares en Irán y alrededor del 68 % se opone al envío de tropas terrestres a Irán.
En su faceta siempre más favorable, la económica, los datos no son mejores, ya que solo le aprueba el 31%, una medida que se complementa con que aproximadamente dos tercios de los estadounidenses afirman que sus políticas están contribuyendo al empeoramiento de la situación. La bolsa se mueve con serias dudas en ambas direcciones, porque sus palabras van y vienen, muchas veces sin sentido alguno. Ante ello, Trump ofrece promesas de una mejora que no se ve y ve cómo el precio del petróleo también sube en Estados Unidos y la gasolina está por encima de los cuatro dólares el galón (equivale a 3.785 litros).
Después de 33 días, Trump ha perdido narrativa y sus teóricos aliados han desaparecido sobre la faz de la tierra. Le queda Israel, con quien comenzó, y poca cosa más. Europa ha tomado distancia de todos sus movimientos y veremos cómo acaba la amenaza de Estados Unidos de abandonar la OTAN. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Algo de eso parece estar pasando. Y por si no fuera poco, Trump ha destituido a Pam Bondi del cargo de fiscal general por su gestión de los archivos de Epstein. Sus maneras autoritarias en la destitución de altos cargos, que parecía ser cosa del primer mandato, vuelven a estar a la orden del día.