Con el president de la Generalitat, Salvador Illa, por suerte ya en su domicilio prosiguiendo desde allí el tratamiento, hasta completar las ocho semanas que prevén los médicos que serán necesarias para eliminar totalmente la infección, se cierra la segunda semana de crisis de las infraestructuras en Catalunya. Aunque es cierto que algunos servicios han mejorado respecto al caos de los primeros días, ni Rodalies, ni el AVE Madrid-Barcelona, ni la autopista AP-7 han recuperado la normalidad. Respecto a las dos primeras, hay el compromiso del Govern de que la situación el lunes será de normalidad y, en cambio, el AVE va para mucho más largo. Tanto es así que los operadores ferroviarios Renfe e Iryo han informado que dejarán de indemnizar a los pasajeros que se vean afectados por retrasos, como sí hacían hasta ahora. Respecto a la AP-7, continúa el corte de la autopista en dirección sur tras el accidente ferroviario de Gelida.

A medida que ha ido avanzando la semana, el malestar por la crisis de las infraestructuras se ha solapado con informes diferentes que lo único que hacían era poner de manifiesto como se ha enredado por parte de los sucesivos gobiernos españoles a la ciudadanía de Catalunya con promesas incumplidas. El denominado G-8 —les Cambres de Comerç, Cercle d'Economia, Col·legi d'Economistes, FemCAT, Fira Barcelona, Pimec, Barcelona Global y RACC— y Foment del Treball ponían cifras al déficit acumulado que sufre Catalunya en infraestructuras: 40.500 millones d'euros. Todo un presupuesto anual de la Generalitat, para que nos hagamos a la idea de lo que supone la cifra. Por si fuera poco, este viernes la Cambra de Contractistes d'Obres de Catalunya (CCOC) ha dado una cifra también demoledora: la desinversión acumulada a lo largo de más de una década, es decir, la diferencia entre lo que se presupuesta y lo que se ha ejecutado realmente por el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) desde el año 2010 supera los 5.000 millones de euros

Llegó al gobierno con los votos de los independentistas catalanes y el resultado de aquel gesto se tradujo, en términos prácticos, en que los millones asignados para la modernización de vías, estaciones o sistemas de señalización nunca pasaran del papel

La media del grado de cumplimiento de los presupuestos de Adif para Cataluña entre 2010 y 2023 -los años del informe- no llega ni a la mitad, situándose por debajo del 50%. Aunque es una tendencia histórica, vale la pena fijarse en otro dato demoledor: la dinámica se ha agravado en el período más reciente y en los últimos tres años, este porcentaje de realización ha caído hasta un mínimo insostenible que apenas llega al 30%. O sea, todo el periodo analizado por la Cámara de Contratistas es absolutamente desolador, pero lo es especialmente el analizado con Pedro Sánchez ya de presidente del gobierno e inquilino del palacio de la Moncloa. Llegó al gobierno con los votos de los independentistas catalanes y el resultado de aquel gesto se tradujo, en términos prácticos, en que los millones asignados para la modernización de vías, estaciones o sistemas de señalización nunca pasaran del papel.

La ineficacia y la inseguridad no es fruto de la causalidad. Estamos en esta situación por muchos años acumulando mentiras y creyendo en promesas incumplidas. Sabemos todos cuál es el impedimento y también sabemos que Renfe, que es parte del problema, no puede ser parte de la solución. Que se han de explorar otras vías y que hay que salir del bucle en el que los diferentes gobiernos españoles han querido plantear siempre la solución. Estamos, los catalanes, en un tirabuzón que acaba siendo, al final, como el día de la marmota. Ya lo vivimos en el año 2009, y en el 2026 estamos reclamando prácticamente lo mismo. No se trata, por tanto, de no saber lo que queremos, sino de dar por buenas las promesas y las lluvias de millones. Leo estos días que el gobierno vasco ha acordado con el español la cesión de la gestión de los aeropuertos vascos en dos meses. No sé si el lehendakari Imanol Pradales conseguirá que Pedro Sánchez cumpla, pero nosotros ya vamos tarde y siempre nos han dicho que era imposible.