Durante cuatro meses, viajar en Rodalies ha sido gratuito, mediante un bono específico de diez viajes a cero euros para compensar el estropicio que se produjo el pasado mes de enero, cuando la red por la que viajan cientos de miles de personas todos los días padeció una serie de accidentes y fallos técnicos. El más grave se produjo en Gelida, el 20 de enero, cuando un tren descarriló al chocar contra un muro de contención que se había desplomado y causó la muerte de un maquinista en formación y dejó 37 heridos. Fue, en parte, una tragedia anunciada, ya que la crónica desinversión durante años por parte del Ministerio de Transportes no podía tener otro resultado.
No fue tampoco algo sobrevenido. Se había anunciado una y otra vez, y tanto los gobiernos del PSOE como los del PP habían dado largas, ya que la gestión de los presupuestos generales del Estado les acaba permitiendo hacer lo que quieren. En la práctica, el resultado siempre ha sido el mismo, año tras año: promesas de inversión en Catalunya, obras realizadas en Madrid. Y, mientras, llevar colgado el sambenito de ser los catalanes unos pesados y egoístas que se llevan, incluso, lo que no les corresponde. Es el peaje de esta farsa de Estado autonómico que somete al país a un déficit fiscal crónico que hace imposible que las instituciones propias puedan atender las demandas de sus ciudadanos.
Parece como si el mal funcionamiento de la red se pudiera paliar con la gratuidad
Pues bien, los trenes colapsaron, el malestar ciudadano salió del carril de la protesta rutinaria y, para rebajar la tensión, se decidió que la solución sería dar billetes gratis a los pasajeros. A todos, sin distinción. Más o menos el espíritu era el siguiente: no podemos asegurarle cuándo va a llegar, ni si va a llegar, ni tampoco si lo va a hacer, en parte, en autobús por carretera. Viaje gratis y disfrute del trayecto y, como que no se paga, tampoco pasa nada. La primera vez que Rodalies decidió utilizar la gratuidad para desinflamar la situación y para paliar la inflación y el coste de la vida, se dijo, fue en septiembre de 2022 y estaba previsto que durara hasta el 31 de diciembre. La medida se prorrogó durante 2023, 2024 y la primera mitad de 2025. Aunque las razones aducidas en enero de 2026 fueron diferentes —coste de la vida y crisis en la red, respectivamente—, en los últimos cuatro años solo unos pocos meses se ha tenido que pagar por el trayecto.
Parece como si el mal funcionamiento de la red se pudiera paliar con la gratuidad. De hecho, una falsa gratuidad, porque que el usuario no pague no quiere decir que nadie lo pague, ya que este dinero que se destina a ello acaba faltando para otras inversiones, del carácter que sean. En este tiempo, desde enero, una única visita del ministro Óscar Puente y medio a escondidas. Ha mandado a Catalunya a su secretario de Estado, su número dos. Parece que Catalunya no se merecía el número uno, ofreciendo todo tipo de explicaciones, ya que, de hecho, es nuestro proveedor y el responsable político de la crisis ferroviaria. No deja de ser el día a día de Rodalies el hecho de que, en el mismo momento que se anunciaba el fin de la gratuidad a partir del próximo día 8, se cortara la circulación en la R4. Y es que la normalidad en Rodalies es eso: esperar cada día qué línea lleva retraso o si se ha averiado.
