Las explicaciones, incompletas y poco transparentes, este jueves en la comisión correspondiente del Parlament de los cambios llevados a cabo por la consellera de Interior, Núria Parlon, en su departamento y en el cuerpo de Mossos d'Esquadra ponen de manifiesto dos cosas: la primera, su voluntad de iniciar una nueva etapa, con el control absoluto del departamento, aunque públicamente no quiera hacer sangre de la marcha del major Josep Lluís Trapero como director de la Policía; la segunda, algo que es casi de perogrullo, pero que vale la pena destacar, no tendrá una segunda oportunidad si los problemas que han surgido en estos dos años no se enderezan y se subsanan. En esta crisis, porque, al final, cuando tú procedes a tantos cambios en el departamento —es eso, porque aquí se tiene que sumar el del secretario general de Interior, Tomás Carrión, a principios de septiembre—, lo que intentas es dar la vuelta como un calcetín a la situación en la que te encuentras aprovechando el inicio de curso.
Pero, al final, los relevos se tendrán que plasmar en políticas diferentes, consensos más amplios y también mayor ambición competencial, como por ejemplo en puertos y aeropuertos. La coraza en el Parlament de que había procedido a cambios en el departamento dentro de la continuidad cabe entenderla dentro del lógico interés del Govern en no amplificar aún más los reajustes que se han producido en los segundos niveles de algunos departamentos. Porque en estos dos años, tan solo se ha relevado a una consellera, Mònica Martínez Bravo, de Drets Socials i Inclusió, que dejó el Govern el 20 de julio de 2026. Lo hizo por motivos personales, básicamente por razones familiares y geográficas, ya que Martínez Bravo tenía su vida familiar asentada en Madrid y el cargo la obligaba a mantener una vida entre Madrid y Barcelona. También es verdad que la crisis de la DGAIA, irregularidades detectadas en pagos y casos de abusos a menores tutelados, ha sobrevolado de manera importante su departamento y ha sido un foco de desgaste, al menos mediático.
El principal problema de Parlon va a ser la finalización del período de gracia que más o menos ha contado y que se va a evaporar con un escenario electoral por delante
Pero el contrapeso a un único cambio de Consell Executiu ha sido una importante remodelación en lo que se da en denominar el sottogoverno, al fin y al cabo los altos cargos que hacen funcionar las conselleries ya que son los responsables últimos de la maquinaria. Además de Trapero y Carrión, se pueden enumerar los siguientes: Teresa Sambola (secretaria general de Educación), Josep Manel Rosón (secretario general de Hacienda), Yolanda Ferrer (secretaria de Feminismo), Isabel Carrasco (directora general de Infancia), Mercè Andreu (directora general de Innovación, Digitalización y Currículum), Jesús del Cacho (director general de Ejecución Penal y Justicia Juvenil), Francesc Castellana (director del SOC) y Eva Torras (subdirectora general de Relaciones con el Estado). A ellos se añaden Joan Mayoral, subdirector en Infancia, y Alfons Jiménez, jefe de gabinete de Territorio. Alguna crisis política grave, como la de la Conselleria d'Educació, se ha evitado con el cese del número dos de la conselleria, que soportó sobre sus espaldas el fiasco de las pruebas PISA y el largo desencuentro con los sindicatos, que, formalmente, aún se encuentran en período de huelga educativa, la última el primer día del curso escolar.
Pero, volviendo a la Conselleria d'Interior, el principal problema de Parlon va a ser la finalización del período de gracia que más o menos ha contado y que se va a evaporar con un escenario electoral por delante. Parlon ha aportado en la comisión un dato: que los delitos habían bajado un 8,4% entre enero y agosto de 2026, aunque inmediatamente ha reconocido que esa mejora estadística no se corresponde con la percepción ciudadana de inseguridad. Al final, lo segundo acaba siendo mucho más termómetro que lo primero, ya que los ciudadanos no viven de estadísticas, sino de la sensación que perciben en su entorno más cercano. Esa es la verdadera rótula con la que deben trabajar los responsables de los cuerpos policiales. Se da por supuesto que tanto el director general, Ferran López, como la nueva comisaria jefa de los Mossos, Sílvia Catà, van a ser capaces de romper dinámicas internas enquistadas por el tiempo. Pero capear con lo que la consellera considera una percepción de inseguridad es, francamente, mucho más difícil y complejo, porque también hay datos de que las lesiones aumentaron un 9,1% respecto a la media 2022-2025 y los delitos contra la libertad sexual un 15,1%. O, como Trapero reconoció en julio, hay más armas de fuego en las calles de Catalunya, lo que se traduce en que durante los primeros seis meses del año ha habido 6 muertos y 27 heridos por arma de fuego; además, los Mossos intervinieron 179 armas, un 14% más que un año antes.
