La derrota de André Ventura, con el 70% escrutado, el dirigente de extrema derecha, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebradas este domingo en Portugal, supone un serio varapalo del partido Chega y un alivio para los lusos que veían, según las encuestas, una nueva victoria de los populismos en Europa. Nunca habían concurrido tantos candidatos a ocupar el Palacio de Belém y solo una vez en la época reciente había habido segunda vuelta, en 1986. El auge de la extrema derecha se detiene gracias a la victoria provisional del candidato socialista Antonio Jose Seguro, y aunque habrá que ver qué sucede en la segunda vuelta de las presidenciales, ya que ningún candidato ha obtenido más del 50% de los votos, el próximo día 8 de febrero, los resultados de este domingo son, en principio, un alivio.

El pasado mes de mayo, el candidato de Chega ya consiguió ser la tercera fuerza más votada en las elecciones legislativas y la segunda en número de escaños. Este techo se ha roto en porcentaje, ya que ha pasado del 20% de los votos al 26%, pero Portugal resiste y no se suma a la ristra de países donde los partidos tradicionales no han sido capaces de conservar la hegemonía política. Seguro, el anterior líder del partido socialista portugués, cercano al antiguo primer ministro António Guterres, de quien fue su número dos hace 25 años, encarna una izquierda pragmática y humanista, con un posicionamiento, para sus críticos, a la izquierda, muy centrista en asuntos claves.

Una de las claves de los resultados de las presidenciales de Portugal hay que encontrarla en la importante movilización en las urnas, que puede haber rondado el 60%

Una de las claves de los resultados de las presidenciales de Portugal hay que encontrarla en la importante movilización en las urnas, que puede haber rondado el 60%, algo relativamente alto en el país vecino. Estamos hablando de más de diez puntos respecto a las anteriores presidenciales de 2021. Portugal, además, manda un mensaje al resto de Europa de que la segunda vuelta no va a tener una cierta similitud con la situación francesa. En el caso del país galo con ya un cierto aprendizaje de que los resultados en primera vuelta y en segunda suelen ser diferentes. Ese era el esquema con el que se había preparado toda la campaña electoral, que daba una victoria al candidato de ultraderecha, que, al final, no se ha concretado.

Una última reflexión: cuando el centro y la izquierda se movilizan contra la ultraderecha, sus opciones se reducen. Y eso sin un candidato carismático como es Seguro, que incluso le costó ser aceptado como presidenciable por sus compañeros de partido. Si finalmente se llevó el gato al agua, era ante las escasas posibilidades, hace unos meses, de que el resultado acabara siendo el que ha sido. Ahora le toca a Portugal, acabar de rematar en segunda vuelta lo ganado en la primera. Pero que el discurso antiinmigración haya fracasado es una buena noticia y una esperanza.