El Reino Unido ha tomado una de las grandes decisiones de su historia reciente que tendrá enormes consecuencias sobre su futuro inmediato y sobre el de todos los europeos. El proyecto europeo ha descarrilado y se apea del mismo un coloso del continente: quinta economía mundial, uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto, asiento fijo en el G-20, aliado preferente de Estados Unidos…
Tiempo habrá en los próximos días para destacar los efectos negativos de la decisión del pueblo británico que en una larga noche se ha inclinado por 51,9% a 48,1% por abandonar la UE. Y también para analizar el hecho de que Gales e Inglaterra hayan apoyado el Brexit, mientras que Escocia e Irlanda del Norte se hayan pronunciado por su permanencia. Pero también es justo señalar en estos momentos tristes para Europa que la democracia ha ganado y que los pueblos puedan votar para decidir su futuro siempre es la mejor decisión. Sea cual sea el resultado. Un pueblo que tiene miedo a la democracia de sus ciudadanos carece de futuro y está condenado irremediablemente a su declive.
Es importante tenerlo presente porque la dinámica de los Estados acaba siendo siempre destacar el error de la decisión. También hacer muy poca autocrítica de la Europa que se ha ido construyendo y que en muchos aspectos –no en el económico, ciertamente- ha quedado muy lejos de lo que pensaron los padres fundadores de la Unión –Konrad Adenauer, Winston Churchill, Alcide de Gasperi, Jean Monet o Robert Schuman- hace ya varias décadas.
Habrá que repensar Europa y tendrá que hacerse oyendo menos lo que piensan los despachos de Bruselas y más lo que quieren los ciudadanos. Y habrá que seguir atentamente, muy atentamente, los movimientos de Escocia e Irlanda del Norte que han votado por la permanencia y se han apresurado a reclamar un referéndum en sus respectivas naciones para quedarse en la UE. En el caso de Escocia sería el segundo después del que tuvo lugar en 2014 para declararse un Estado independiente y que perdió el gobierno de Alex Salmond, después de una presión enorme de todo el establishment y con el argumento de que una Escocia independiente quedaría fuera de la UE. Y, hoy, paradojas de la historia, sí que está realmente fuera por la votación de ingleses y galeses. Toda una lección para aprender aquí y allí.