Hace días, de hecho desde que se inició la polémica sobre la práctica ausencia del catalán en la visita del papa León XIV a la Sagrada Familia, y de manera muy especial en la bendición de la torre de Jesús, que me resistí a hacer este artículo, confiando en que en un momento u otro habrá una rectificación. No unas migajas condescendientes a esos catalanes pesados que siempre están con el mismo rollo. Sino una enmienda a esa actitud casi vejatoria de olvidar dónde se está y a quién se pretende rendir homenaje, que no es otro que a Antoni Gaudí. Con la visita la próxima semana de León XIV a Catalunya, será la tercera desde aquella primera vez que un pontífice nos visitaba, en 1982, que supuso un hito histórico sin precedentes, una segunda visita de Benedicto XVI, en 2010, y la actual del próximo martes al jueves; en total, estará en Catalunya 48 horas.
Como las cosas y las personas tienen su importancia, y tuve la posibilidad de seguir aquellas dos visitas, vale la pena recordar algunas cosas. En la primera, era arzobispo de Barcelona desde 1971, Narcís Jubany, nacido en Girona y que había llegado al cargo en gran parte gracias a la histórica campaña popular Volem bisbes catalans (Queremos obispos catalanes). Representaba, en aquellos años, un catalanismo eclesial abierto, dialogante y defendía firmemente la identidad, las instituciones y la lengua propia de Catalunya desde la Iglesia. Jubany en Catalunya y el cardenal Tarancón en Madrid eran una isla en aquellos momentos nada fáciles, sobre todo al final de la dictadura. En noviembre de 2010, era cardenal Lluís Martínez Sistach, y fue el impulsor de la visita de Benedicto XVI y de un hecho tan importante como que consagrara formalmente la Sagrada Familia y la declarara basílica menor.
La Conferencia Episcopal Española, el cardenal Omella y los organizadores han olvidado deliberadamente la importancia que para Gaudí tenía el catalán
Sistach, barcelonés, había sustituido al polémico cardenal Ricard Maria Carles, valenciano, que llegó a Barcelona para frenar el ala más progresista y nacionalista del clero catalán, algo que, en parte, logró. El cardenal Sistach, en cambio, se consideraba discípulo del cardenal Jubany e intentó recuperar las formas del catalanismo eclesial tradicional, dialogante y fuertemente arraigado en la cultura catalana, lo que contribuyó a rebajar la palpable tensión interna en la diócesis. En esta ocasión, está al frente del arzobispado de Barcelona el cardenal Juan José Omella, nacido en Teruel, que, pese a tener una actitud aparente menos combativa con el catalanismo que Ricard Maria Carles, en los momentos decisivos siempre ha sido una decepción y un gran desconocedor del papel que hubiera tenido que jugar. Su declaración de este jueves de que el Papa dirá algunas palabras y que hará lo que pueda son fruto de ese desconocimiento que le ha llevado a jugar un triste papel.
Siempre me gusta releer un artículo publicado en Catalunya Religió que explica la detención de Antoni Gaudí por hablar en catalán cuando quería entrar en misa. Era el 11 de septiembre de 1924 y la organizaba la Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat en la iglesia de los Sants Just i Pastor en Barcelona. Gaudí, de 71 años, fue abordado por un policía que le pidió entrar y le obligó a identificarse. Le preguntó su profesión y contestó: "arquitecte". El insolente policía le dijo: "Pues su profesión le obliga a usted a hablar en castellano", a lo que Gaudí replicó: "La professió d’arquitecte m’obliga a pagar contribució i ja la pago, però no a deixar de parlar la meva llengua". A partir de aquí, la polémica fue a más: ¿Cómo se llamaba su padre?, le inquirió el policía. "Francesc Gaudí", contestó. "¿Qué es eso de Francesc?", respondió ya irritado el policía. Y uno de los otros policías presentes en el interrogatorio terció: "¡Si Vd. no fuese viejo, le rompería la cara; sinvergüenza, cochino!". Gaudí, con mucha flema, contestó: "Jo a vostè no l’insulto i vostè a mi sí. Jo parlo la meva llengua".
Pues bien, León XIV visita la Sagrada Familia para protagonizar el acto central del centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Oficiará una misa solemne y bendecirá e inaugurará la torre de Jesús. La Conferencia Episcopal Española, el cardenal Omella y los organizadores han olvidado deliberadamente la importancia que para Gaudí tenía el catalán. Tanto que aceptó ser detenido por hablar catalán en el primer acto prohibido contra la dictadura de Primo de Rivera y que era para muchos tan solo una misa, pero para Gaudí algo muy importante. Que sobre eso se pretenda pasar de puntillas es cuando menos pusilánime.