En un club en el que estos últimos años se puede hablar de grandes récords a la hora de dominar el fútbol doméstico, tanto si hablamos de Liga, Supercopa de España o Copa del Rey, hay dos marcas que son atribuibles al Barça actual y a su entrenador, Hansi Flick: haber convertido un equipo de élite en una gran familia y hacer de la conexión entre el equipo y la afición una cosa única. La rua de este año por las calles de Barcelona así lo refleja, como la de la temporada pasada. Al final, la crisis económica del club ha servido para destapar a una generación de jóvenes futbolistas de la Masia que son una mezcla de deportistas de élite y culés aficionados que viven los triunfos de una manera tan especial que genera una simbiosis con la afición tan singular que solo puede que sorprender. Jugadores —Balde y Casadó— que se van a la plaça de Catalunya a celebrar el título de Liga con la afición; jugadores —Pedri, Olmo y Eric Garcia— que pasean en bicicleta, siguiendo una tradición del pasado año en que acudieron al hospital a visitar a Ferran Torres, la estrella del Clásico de este año; o la plantilla entera arropando, durante el partido, a Flick, cuyo padre había muerto por la mañana.
Ganar 3 de las 4 últimas Ligas y 11 de las 18 que se han celebrado desde la temporada 2007-2008 es una buena estadística. Difícil de explicar a los más jóvenes cuando se les explica que cuando el Barça ganó la Liga 1973-74, la primera de Johan Cruyff en el club, llevaba 14 años de sequía, desde el campeonato 1959-1960. Aún hay otra estadística más bestia: antes de 1973, el club solo tenía 8 títulos en sus vitrinas. Esto significa que en los últimos 50 años ha ganado más del doble de Ligas que en sus primeros 70 años de historia. Cruyff cambió aquella mentalidad y los que planificaron aquella llegada del holandés errante adoptaron una decisión trascendental para la historia de la entidad. Pero, si aquella decisión lo cambió todo, el preservar su legado futbolístico le ha dado al club un estilo propio que dos de sus discípulos, Pep Guardiola y Luis Enrique, han adaptado a dos de los equipos que dominan la élite europea, Manchester City y Paris St. Germain. Pues bien, Hansi Flick le ha dado una nueva vuelta al modelo y ha sentado las bases para dominar la competición española y ser un serio candidato a ganar la Champions, la asignatura pendiente.
Ahora que todos son parabienes al equipo, a los jugadores, al staff técnico y a la directiva, hay que recordar que el cainismo que a veces padece el club acaba devorando, incluso los éxitos
El hecho de que el lema de las celebraciones fuera Una manera de ser, una manera de ganar tampoco es casualidad. Responde a los valores que el club quiere impulsar, siendo como es referente para una juventud que ve en ellos la mejor identificación posible y, también, puertas afuera de un país al que representa. Eso, el escritor catalán Manuel Vázquez Montalbán lo definió, en 1987, en un artículo publicado en la revista Catalònia, como que era el ejército desarmado de Catalunya, el principal vehículo para la expresión de la identidad catalana, empezando por la lengua, lógicamente. Oír a un futbolista como Balde —hijo de padre de Guinea-Bisáu y madre dominicana— recriminar a un periodista catalán que le preguntara en castellano da, también, una idea precisa de lo que Montalbán escribía y de lo que el Barça, en un contexto global tan desfavorable, tiene que intentar preservar o cuando menos ayudar, al menos, con la intensidad que está haciendo.
Ahora que todos son parabienes al equipo, a los jugadores, al staff técnico y a la directiva, hay que recordar que el cainismo que a veces padece el club acaba devorando, incluso los éxitos. Pasó con Cruyff, también con Guardiola y no debería pasar con Flick. Las dos últimas elecciones a la presidencia, ganadas ampliamente por Joan Laporta, deberían servir para dejar trabajar en paz a los rectores del club. Seis títulos de Liga en 12 años, en sus tres mandatos, le dejan a un solo título de Liga de Josep Lluís Núñez, con la diferencia de que el más famoso constructor de chaflanes de Barcelona necesitó 22 años de mandato. El 1 de julio, Laporta iniciará su cuarto y último mandato, por estatutos del club, que durará hasta el 30 de junio de 2031. O sea, las próximas cinco temporadas. El entrenador ha renovado para los dos próximos ejercicios, con opción a un tercero; el estadio estará completamente terminado, con cubierta y todo, y a punto para su inauguración entre finales del año próximo y principios de 2028. Y mientras dura la instalación de la cubierta, el Barça deberá emigrar nuevamente a Montjuïc en los primeros meses de la temporada 27-28. Será la última vez fuera del Camp Nou. ¿Quién hubiera apostado por un final como este y con un patrimonio y un equipo como el actual cuando accedió a la presidencia en 2021? Sencillamente, muy pocos.
