Hace ya unos años, un político entonces importante de este país, mientras abandonaba la catedral de Barcelona después de un funeral, me comentó en voz baja: la política es una profesión de amnesia. La recuperé este miércoles en medio de numerosas notas de aquel tiempo y comprobé, a media mañana, una vez más, que era tan cruda como cierta a medida que se iban produciendo las reacciones políticas ante el súbito fallecimiento de la exalcaldesa de València y senadora Rita Barberá. Ninguna, sin embargo, llegó al atrevimiento del ministro de Justicia, Rafael Catalá, quien señaló que cada uno tendrá sobre su conciencia las barbaridades que ha dicho sobre Barberá.

El PP había empezado así a pasar las consecuencias de la muerte de Rita Barberá a adversarios políticos y medios de comunicación. Porque cabe pensar que en el caso del ministro de Justicia no estaría pensando en los jueces que decidieron investigarla por presunta corrupción. Ha habido, ciertamente, una presión importante para que Barberá abandonara el escaño de senadora y es legítimo que fuera así desde fuera de las filas del PP. ¿Cuál es sino la función de la oposición? ¿No pueden acaso los medios de comunicación pedir dimisiones o investigar casos de corrupción? El problema para Barberá no vino de la actitud de la oposición, ni de muchos medios de comunicación, muy críticos con ella desde hace muchos años. Su problema fue el PP, su partido de toda la vida y del que había sido una de sus veteranas fundadoras vía Alianza Popular.

Aquellas palabras del exministro Alonso, por ejemplo, urgiéndola a abandonar el PP el pasado septiembre ya que si no la tendría que tomar la dirección. O muchos de los jóvenes cachorros de los populares no queriendo cargar con las acusaciones que se iban conociendo de Barberá. O incluso, aquellas palabras de Mariano Rajoy cuando se le preguntó por ella y sin citarla por su nombre zanjó la pregunta con un escueto "esa persona de la que me habla no pertenece al PP". El exministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha puesto el dedo en la llaga al afirmar que estaba muy decepcionado también por el comportamiento de algunos compañeros de partido. De una manera más ácida lo ha afirmado el expresidente Aznar al asegurar que lamentaba que hubiera muerto tras ser excluida del partido. El investigado Álvaro Pérez alias El bigotes aún ha sido más duro: "La abandonaron, los suyos, como una perra y eso es una canallada".

La política es una profesión de amnesia, ciertamente. Pero es más feo pasarse la muerta.

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