Después de un serial impropio de una entidad como el Fútbol Club Barcelona, Xavi Hernández, el laureado jugador blaugrana y, sin duda, uno de los máximos exponentes de los éxitos del equipo en este siglo XXI, vuelve a casa y se hará cargo en las próximas horas de la plantilla de fútbol del primer equipo. Es un golpe de efecto de los que gustan tanto al presidente Joan Laporta, conocedor como nadie de lo que quiere el socio. La apuesta de Xavi con una temporada ya avanzada y con una plantilla confeccionada con una visión de juego diferente no está exenta de riesgos por más que el consenso general sitúa al nuevo entrenador como la persona más capacitada para dar forma a una nueva etapa de éxitos como fue la de Pep Guardiola.

Pero hay que poner los pies en el suelo y nada de lo que fue aquella etapa guarda parangón con el actual momento de la entidad blaugrana. Solo, si acaso, una única cosa: la ilusión por recuperar unas señas de identidad en el terreno de juego que se han ido difuminando con el paso del tiempo transcurrido desde la marcha del de Santpedor. Guardiola, cuando llegó en julio 2008, se encontró una plantilla más hecha que la actual: Messi ya había jugado un centenar de partidos con el Barça y había quedado en la elección de mejor jugador del mundo en tercer lugar. Aquella etapa se zanjó el junio de 2012 y Guardiola tenía 14 títulos en su haber, algo que hoy parece irrepetible.

Ahora, hay un buen plantel armado de grandes promesas... y todo está por hacer. Por si eso no fuera poco, el Barça era una entidad con muchos más recursos económicos. La masa barcelonista, hoy feliz por el regreso de Xavi, deberá dejar trabajar tranquilo al de Terrassa y no exigirle éxitos desde el primer día, que no está en condiciones de garantizar dado el absoluto caos que se va a encontrar en el vestuario y en la plantilla, acostumbrada en los últimos tiempos a ver desfilar demasiados entrenadores en muy poco tiempo. Como suele suceder en momentos como el actual, cuando el agua baja demasiado turbia, los contrapesos propios de una situación normal se han desplazado, las capillitas han ganado al colectivo y los veteranos hacen y deshacen a su antojo. Esto último va a ser lo primero que va a tener que reconducir Xavi.

Además de la ilusión, el de Terrassa aporta su indiscutible compromiso y su amor desbordante al club. Hubiera podido esperar a final de temporada y también habría acabado siendo el entrenador, pero ha aceptado coger el primer equipo con la temporada ya iniciada y en unos momentos en que son pocos los que cuentan con el Fútbol Club Barcelona para algún título y mucho menos la Champions, donde siempre había sido un aspirante a ganarla.

El hecho de que haya sido él mismo quien haya negociado con el equipo qatarí su salida y que haya puesto las mayores facilidades al Barça para su incorporación inmediata dice mucho a su favor. Ahora necesita la suerte como aliada. La flor, que decía Cruyff. Y que le dejen hacer, algo que en un gran club —aunque arruinado— como el Barça nunca ha sido fácil.