Durante muchos, muchos años, el periodismo ha sido, fundamentalmente, explicar historias humanas. Tanto es así que muchos de los periodistas más importantes han surgido de este subgénero siempre a caballo entre el ansia informativa de los directores por ofrecer la última noticia, el periodista de raza por presentar a sus lectores la mejor y más amplia información posible y el rigor sin el cual un medio de comunicación carece de credibilidad y pierde su capacidad de influir en la sociedad y actuar entre sus lectores como prescriptor de lo que se debe saber. No es una ecuación fácil y la velocidad de la información actual obliga a correr más riesgos que antaño pero, al mismo tiempo, es una gozada poder interactuar con tus lectores en una historia felizmente resuelta como la de Martina Alemany, hallada sana y salva por la policía autónoma vasca, la Ertzaintza, en San Sebastián, 36 horas después de que se le hubiera perdido la pista en Barcelona.
El caso de Martina no es único y como muy bien han explicado los Mossos, en el último año se han producido unas 1.400 denuncias de desapariciones de jóvenes en edad adolescente. La gran mayoría han sido voluntarias y casi en la mitad de los casos se han resuelto con el retorno al domicilio familiar a las pocas horas. ¿Qué tiene de diferente entonces el caso de Martina? La enorme fuerza de las redes sociales y, sobre todo, la implicación de la familia y de su núcleo más próximo convirtiendo la desaparición en el caso del día. Igual que se viralizan vídeos u otro tipo de noticias, algo tan sencillo de entender como la solidaridad de la especie humana y la unión ante un drama que puede suceder en cualquier familia acabó elevando la situación a tema del día. Todo el mundo buscaba a Martina, no solo la policía.
Al final, las grandes tragedias no nos importan tanto por los números fríos de lo que ha sucedido sino por una serie de historias individuales que nos aproximan a los que han padecido la desgracia. Gemma Liñán nos ha hecho vivir en El Nacional el caso de Martina con los recursos de un medio joven pero con una ambición informativa muy superior a los pocos meses de vida que tenemos. Hoy en día, los periódicos ya no escogemos los temas que interesan a nuestros lectores. Entre otras cosas, por el uso exagerado que el periodismo ha hecho de querer tener su propia agenda al margen del interés de los lectores. El periodismo sólo volverá a interesar a la gente y ser un instrumento necesario para la sociedad si su menú informativo no acaba secuestrado en un despacho. La historia de Martina y su final feliz también ha servido para eso.