Los electores catalanes han apostado de nuevo por la complejidad con siete ideas fuerza este 14 de febrero: por primera vez, más del 50% de votos independentistas, un hito que hacía varios comicios que se perseguía y que finalmente se ha logrado; Esquerra Republicana (33 escaños) por delante de Junts per Catalunya (32 escaños) y la CUP (9 escaños) nuevamente imprescindible si se quiere conformar un gobierno independentista y que elevaría su mayoría a 74 diputados de los 135 escaños del Parlament; Pere Aragonès con todas las opciones para ser el primer president de la Generalitat de ERC desde la República; una victoria pírrica del PSC (33 escaños) que, en buena lógica, dejará a los socialistas como primer partido de la oposición, nada más que una repetición de lo que pasó en 2017 con Ciudadanos; la preocupante irrupción de Vox en la Cámara catalana con 11 escaños y colocándose como cuarta fuerza política en su primera convocatoria; el desplome de Ciudadanos y PP con 6 y 3 escaños que pasan a ser fuerzas testimoniales; y el PDeCAT se queda fuera del Parlament y sus 75.000 votos se pierden agua abajo, una noticia que hará que más de uno se tire de los pelos.

A partir de este análisis de los datos se abren días y semanas difíciles para cerrar un acuerdo de Govern y es a Esquerra Republicana a quien le corresponde fijar las reglas de juego en un tablero político como el catalán, en el que nada es exactamente como parece y todo es más difícil de lo que aparenta: ¿con quién quiere gobernar Pere Aragonés?, ¿qué concesiones está dispuesto a hacer para asegurarse un gobierno estable y qué va a hacer si su apuesta durante la campaña de integrar a Junts y a los comunes no fructifica, como parece más que probable? Y la que puede acabar siendo la cuestión más importante: ¿cuál es la hoja de ruta que se abre a partir de ahora en la política catalana? Y, finalmente, ¿para hacer qué, en los próximos cuatro años?

Durante los próximos días estaremos sometidos a más de una amenaza de repetición electoral si los partidos independentistas no son capaces de hablar y sincerarse, algo que en los últimos tres años, obviamente no ha sucedido.Y, seguramente, una parte de la abstención de su electorado hay que encontrarla aquí, más que en la pandemia. Es posible que muchos partidos vean el aliciente de una repetición electoral después del verano. Eso se verá en los próximos días, en los que, sin duda, asistiremos a esos momentos de tensión y dramatismo que son tan propios de la política catalana. Confiemos que el espectáculo dure lo menos posible, se cierre un acuerdo de gobierno entre los partidos independentistas y se pongan a trabajar para encarar el conflicto catalán mirándolo de frente.

El 50% de los votos independentistas envia un mensaje importante a la comunidad internacional, ya que una de las peticiones que había sido hecha reiteradamente ha sido conseguida. Ya hay más catalanes independentistas que no independentistas y Catalunya se ha ganado nuevamente el derecho a un referéndum acordado con el Estado. Esa ha de ser la principal condición, junto con una ley de amnistía, para una posible mesa de diálogo. Cada elección abre un tiempo nuevo, pero es obvio que no podrá esperar indefinidamente y malograr el 50% alcanzado en las urnas. Esquerra va a tener la mayor responsabilidad a partir de ahora ya que la ha ganado en las urnas. Adquiere así una responsabilidad política que nunca ha tenido y la historia le brinda una oportunidad para dejar su sello desde la más alta magistratura de las instituciones catalanas y avanzar con paso firme hacia la república catalana. El contador post 14-F se ha puesto en marcha.

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