El Banc Sabadell ha abortado la fusión con el BBVA en un cambio de guion por el desacuerdo sobre el precio del intercambio de acciones. Josep Oliu, el presidente de la entidad catalana, da un golpe encima de la mesa una vez ha constatado que las condiciones de Carles Torres eran inasumibles y que la operación no se podía materializar. Al menos, de momento. Conociendo la cultura financiera del BBVA es de suponer que la absorción que tenía en mente ha chocado con la manera de hacer las cosas del Sabadell.

Uno es el grande y el otro el pequeño pero el guion para cerrar la operación se ha tenido que guardar en un cajón. El Sabadell vuelve a su presente en solitario y deberá abrir nuevamente el abanico de opciones para moverse en un mar revuelto: su discurso inicial de concentrarse en el mercado doméstico es inteligente pero será insuficiente en los próximos días y semanas, en que necesariamente se deberán desempolvar otras opciones aunque sea pensando en el medio plazo, algunas de las cuales ya han sido analizadas en los últimos tiempos por Oliu y Jaume Guardiola, el consejero delegado.

La ruptura no es una mala noticia en lo que respecta a la necesidad de preservar un esquema financiero catalán. La fusión de Caixabank y Bankia, bendecida por Europa e impulsada por Isidre Fainé en un tiempo récord y sin oposición destacable se ha hecho en unas condiciones favorables para la entidad catalana, que mantendrá el nombre en la nueva entidad, la posición mayoritaria y las oficinas centrales operativas en Barcelona. En el esquema de absorción del BBVA del Sabadell pasaba todo lo contrario y la entidad del Vallès acababa literalmente en los libros de historia.

Una de las cosas que demuestra el feroz mundo financiero es la rapidez con que desaparecen las cosas después de los discursos y así, por ejemplo nadie se acuerda de que Catalunya Caixa, antes Caixa de Catalunya, fue absorbida por el BBVA en 2015 una vez el FROB y el Fondo de Garantías de Depósitos de Entidades de Crédito le vendieron sus acciones. Aunque la gestión de Catalunya Caixa fue muy mala, lo cierto es que el Estado puso en el rescate de Bankia que comandaba Rodrigo Rato un interés que no puso en la fallida caixa catalana. Después, Bankia tendría la suerte de contar con José Ignacio Goirigolzarri, un ejecutivo con las ideas muy claras, que le daría la vuelta como un calcetín pero eso ya es otra historia.

Habida cuenta de que la travesía en solitario es una situación harto difícil para el Sabadell, al menos en las actuales condiciones del negocio bancario, y quizás incluso deberá desprenderse de algunos activos en el extranjero en función de como vayan las cosas, deberá explorar más bien pronto que tarde alguna fusión con alguna entidad financiera que necesite una pareja de baile -Kutxabank, el banco con sede en Bilbao vuelve a ser una opción- o realizar una fusión europea. Esto último sería del agrado del Banco Central Europeo, algo que tendría, sin duda, su atractivo si fuera una fusión y no una absorción. Si hay un terreno de juego donde el impasse suele durar menos tiempo es el sector financiero ya que el mercado necesita noticias con una celeridad incluso mayor que la de los periodistas. 

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