Los datos ofrecidos por AENA del aeropuerto de El Prat demuestran que pese a las dificultades que supone actuar sin ninguna autonomía a la hora de decidir estrategias específicas para Barcelona, la capital catalana continúa siendo un destino creciente en cuanto a número de pasajeros y operaciones. El año 2016 se ha cerrado con un aumento del 11,2% en cuanto a pasajeros cuando destinos como Madrid han crecido el 7,7%. Respecto a las operaciones realizadas en ambos aeropuertos, el crecimiento barcelonés ha sido más del doble que el madrileño. Los datos son enormemente importantes ya que aunque la capital española se sitúa en 50,4 millones de pasajeros, Barcelona se eleva hasta 44,2 millones y todo ello en un contexto enormemente competitivo en que las apuestas españolas han pasado siempre por la radialidad de Madrid a la hora de actuar como centrifugadora de pasajeros de todo el Estado.

Ello ha sido especialmente notable en los últimos años con la concentración de muchos de los destinos de Iberia al extranjero con única salida desde Madrid, tanto en vuelos europeos, como a Estados Unidos o a Sudamérica. Con esta actitud de la compañía de bandera española, las gestiones de la administración autonómica han tenido que ir encaminadas, básicamente, a conseguir que compañías asiáticas, americanas o de otros países europeos creyeran que Barcelona era tanto un buen centro de operaciones para transportar pasajeros específicos de punta a punta como a terceros destinos. En este aspecto, el año pasado y, previsiblemente, este año recién iniciado tiene que ser enormemente positivo, ya que diferentes compañías aéreas han apostado por Barcelona.

Todo ello, con alguna paradoja notable como, por ejemplo, el caso de Norwegian Airlines, que el pasado otoño anunció que ampliaría los 27 destinos que ya ofrece desde Barcelona -el último a Tel Aviv- y ofrecería vuelos directos desde Barcelona a Los Angeles, San Francisco, Nueva York y Miami. ¿Qué sucedió? Pues que semanas después Iberia anunció que operaría también con vuelos low cost a Estados Unidos, Latinoamérica y Asia. Que Barcelona era un buen mercado para una compañía aérea en los destinos a otros continentes estaba perfectamente estudiado desde hacía años. Así se había demandado desde la Cambra de Comerç y otras entidades de la sociedad civil catalana. Pero la decisión no se adoptó hasta que otra compañía decidió apostar por el mercado catalán.

Y esas son, la gran mayoría de las veces, las reglas de juego. Por eso, tiene enorme mérito la evolución de El Prat y el trabajo, en muchas ocasiones de hormiga, que se realiza. ¿Pero qué sucedería si toda esta energía de las instituciones catalanas contara con el apoyo decidido de una administración estatal y que todas juntas empujaran siempre en la misma dirección?

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