Un Barça en horas bajas recibirá este sábado en el Camp Nou al Real Madrid. Por primera vez en las últimas temporadas, el equipo de Leo Messi no es favorito; y aunque ello no permite prejuzgar el resultado, ya que los clásicos se miden por pequeños detalles, la suerte o el acierto en momentos decisivos del partido, el equipo de Luis Enrique deberá tirar de galones, experiencia y pundonor para llevarse los tres puntos. Aunque la distancia entre los dos equipos favorece claramente a los blancos y la distancia de seis puntos es importante, ello tampoco es definitivo a estas alturas de la temporada. Acabe como acabe el clásico habrá Liga, sobre todo, si en los despachos no se empeñan en escamotearla a los aficionados.
El Madrid lleva tiempo esperando una ocasión como ésta, después de haber perdido la hegemonía en el futbol europeo de una manera clara, al menos, en lo que llevamos de siglo. Llevan tiempo esperándolo los jugadores, los directivos, su presidente, el palco del Bernabeu, la prensa de Madrid y, sin que suene a chirigota, también el Gobierno. El diferente trato judicial que han sufrido desde hace tiempo los jugadores de uno y otro equipo ha sido clamoroso. No se trata de defender a Messi, Neymar, Mascherano, Eto'o y compañía. Si han cometido irregularidades fiscales o de otro tipo, que se les persiga con un trato justo y no justiciero. Pero que no se programen, como si fuera una novela por capítulos, los momentos álgidos de sus problemas con el Fisco o con la Justicia coincidiendo con cada uno de los momentos importantes de la temporada. Claro, aquí también interviene la Abogacia del Estado y debe ser exagerado pensar que no es por casualidad el timing mediático o que Messi y pronto Neymar se sienten en el banquillo.
Como la sobreprotección mediática -y algo más- con que ha contado Cristiano Ronaldo cuando se ha sabido que buena parte de sus impuestos fiscales los estaba pagando a través de una inacabable ingeniería financiera en Irlanda que se perdía por las Islas Vírgenes. Oh, casualidad: resulta que son más bajos en Irlanda que en España. Pero la situación fiscal de Ronaldo ha quedado estas horas al margen del debate. Supongo, claro está, que porque no interesaba y que es exagerado pensar que ha sido por no desestabilizar al equipo blanco ante su gran oportunidad. Ese clamoroso silencio también lo ha denunciado el Barça, que ha pedido la intervención de la Fiscalía y Hacienda, y que se aplique el mismo criterio que con Messi. Por todo eso, mal juego blaugrana incluido, el partido empieza desequilibrado a favor de un equipo. Otra cosa será lo que suceda en el estadio y el comportamiento del equipo azulgrana con tantas banderillas. Porque, al final, en el mundo del fútbol solo valen los tres puntos.