Con la campaña recién finalizada y en vísperas de que se abran los colegios electorales para acudir a votar en los comicios españoles del próximo 23 de julio, el único motivo de discrepancia es si el Partido Popular y Vox sumarán mayoría absoluta y podrán gobernar o, por el contrario, les faltarán unos pocos diputados y la legislatura quedará bloqueada y, en consecuencia, se tendrán que celebrar nuevas elecciones. Hay opiniones para todos los gustos y lo mismo sucede con los trackings que se han ido realizando por partidos, medios de comunicación y empresas desde que se inició la prohibición de publicación de encuestas que regula la ley electoral. Hay algunas cosas que nadie discute a estas alturas: la victoria del PP y el retroceso del independentismo son dos análisis compartidos por la totalidad de expertos.

Después de quince días de campaña, existe la impresión de que le ha sentado mejor a la izquierda que a la derecha y que una cierta movilización entre sus votantes sí se ha producido. Ha sido, en este aspecto, mejor la campaña de Sánchez que la de Feijóo, con el único lunar negro del cara a cara de AtresMedia que ganó claramente el candidato del Partido Popular. Por el contrario, Sánchez ha conseguido esquivar las polémicas negativas, ha perfilado bien el perímetro de sus adversarios y ha disparado sin complejo alguno contra sus aliados de la última legislatura, como si no los conociera de nada. En este aspecto, ha demostrado por qué es un superviviente y le dio la vuelta a su cese como secretario general del PSOE por parte de sus compañeros de partido, consiguiendo recuperar el cetro en unas primarias. Es un resiliente nato y ha luchado la partida hasta el último segundo.

Por el contrario, Feijóo ha tenido un comportamiento totalmente opuesto. Una campaña a medio gas, con errores no forzados y una cierta sensación que se le ha hecho muy larga. Su ventaja es que tiene el viento de cola y la movilización de sus votantes tiene que ver, sobre todo, con sus ganas de sacar a Pedro Sánchez del gobierno. Eso es muy evidente en Madrid, pero el domingo habrá que ver hasta qué punto está tan extendido en toda España que las posiciones han variado poco estos quince días. Lo cierto es que si al inicio de la campaña nadie creía que hubiera partida para el PSOE, ahora los hay que piensan que sin ser la posibilidad más probable, no todo está dicho definitivamente.

Respecto a Catalunya, no han sido las elecciones más fáciles para Esquerra y Junts, ya que los primeros alcanzaron la victoria electoral con 13 diputados en un contexto muy excepcional tras la condena del Tribunal Supremo a los presos políticos, entre ellos su líder Oriol Junqueras. En el caso de Junts, su suelo es del 12,1% de los sufragios y siete diputados en abril de 2019 y algo mejor en las últimas elecciones de noviembre de aquel mismo año en que alcanzó el 13,7% de los votos y recuperó el octavo parlamentario de 2015. En cualquier caso, en estas elecciones ERC y Junts también se juegan una cierta reválida a sus estrategias políticas. El posibilismo de los primeros y los acuerdos a varias bandas para conservar el poder institucional en las diferentes administraciones y los segundos una marcada beligerancia ideológica o incapacidad para retener una mínima posición de partido de poder a la hora de establecer pactos de gobierno. Además, en ambos casos una beligerancia entre ambas formaciones que veremos si les ha ayudado en algo el domingo por la noche.