Como la eliminación de peajes en las autopistas catalanas tuvo un consenso político muy amplio, tanto en Catalunya como en el Congreso de los Diputados, ello debería permitir ahora abrir un debate sereno y poco partidista, más de cinco años después, sobre si la decisión fue acertada o, por el contrario, fue un error y cuanto antes se corrija, mucho mejor. Que haya abierto la discusión pública el president de la Generalitat, Salvador Illa, en el Parlament, es buena señal, ya que el debate no le va a dar votos entre los suyos, ni tampoco entre muchos catalanes de izquierdas partidarios del todo gratis. Tampoco va a encontrar el apoyo de sus socios de investidura, para quienes este es un tema incómodo. Pero lo cierto es que, como dice Illa, hay un problema grave en la AP-7 (no solo allí) y apuntar en voz alta si no fue un error el levantamiento de los peajes o la forma en que se ejecutó es fundamentalmente un acto de responsabilidad como president.
Quedarse en que la decisión la adoptó el gobierno de España, ya que las grandes autopistas afectadas (sobre todo la AP-7 y la AP-2) eran concesiones estatales, es, a estas alturas, esconder la cabeza debajo del ala. Porque fue así y con personajes de dudosa catadura moral, como el ministro de Transportes de aquellos días, el hoy condenado a 24 años de prisión, José Luis Ábalos. Fue él quien, estando al frente del ministerio, decidió que, al expirar dichas concesiones, el 31 de agosto de 2021, no había que prorrogarlas y el Estado debía asumir la gestión directa. Pero de aquellos años de manifestaciones para pedir que se levantaran las barreras y la celebración que se produjo en diversos peajes de la AP-7, especialmente en municipios como La Roca del Vallès o Martorell, nadie parece acordarse. Ni de la euforia colectiva entre los partidos, mientras se producían aplausos, bocinazos y algunos conductores cruzaban el peaje levantado haciendo sonar el claxon.
La autopista está congestionada, su pavimento parece en muchos tramos una montaña rusa y no hay dinero para las reparaciones urgentes. Pero cuando Abertis cobraba un peaje, la autopista estaba en un estado perfecto
Ahora toca enmendar aquel error. La autopista está congestionada, su pavimento parece en muchos tramos una montaña rusa y no hay dinero para las reparaciones urgentes. Pero cuando Abertis cobraba un peaje, la autopista estaba en un estado perfecto. La carretera N-II recibe numerosas críticas de sus usuarios, que van desde la lentitud de las obras de desdoblamiento en algunos tramos y la conservación del pavimento en determinados puntos hasta la necesidad de mejorar intersecciones y accesos y la adaptación de la vía tras el levantamiento de los peajes de la AP-7. Por eso no puedo estar más de acuerdo con Illa cuando señala: "Hagamos todos una reflexión colectiva. Yo la haré hoy [en el Parlament]. ¿Quizás nos equivocamos, no, cuando alegremente todos pedíamos 'fuera peajes'?". Pues sí, president, fue una equivocación en Catalunya de PSC, Junts, Esquerra, Comuns y la CUP y en España del PSOE y del PP. Porque aunque fue el gobierno de Pedro Sánchez el que ejecutó la decisión de no renovar las concesiones, el PP también había presentado en el Congreso una iniciativa legislativa para que no se renovaran.
Seguramente, ha llegado el momento de abordar qué se debe hacer con estas infraestructuras. Cuando la Generalitat estudió tiempo atrás sustituir los peajes por una viñeta (una tarifa plana anual, que entonces se planteaba en torno a 70 euros para circular por toda la red catalana), el entonces presidente de Abertis, Salvador Alemany, mostró sus reservas, ya que generaba agravios entre aquellos que la utilizan mucho y los que hacen un uso escaso. Más recientemente, Abertis ha propuesto sustituir los peajes tradicionales con cabinas por un sistema electrónico de pago por uso, similar al que ya funciona en numerosos países europeos. Ya sé que con el sistema de financiación que le tocaría a Catalunya y con un sistema parecido al concierto económico que muchos reclamamos, no se tendrían que adoptar algunas medidas porque los ingresos serían otros. Pero como esa situación no es una realidad, ni hay mayoría parlamentaria para defenderlo, algo habrá que hacer en el entretanto para no seguir circulando como estos últimos cinco años.
