Jordi Cruz y su juventud: “Era malo en casi todo, quería hacer lo que mi madre cocinaba y tenía talento”

Jordi Cruz ha recordado que durante su juventud no destacaba especialmente en los estudios y que durante mucho tiempo tuvo la sensación de ser “malo en casi todo”. Sin embargo, había una actividad que sí despertaba algo diferente en él: cocinar. Su interés nació en casa, observando a su madre preparar platos y sintiendo la necesidad de reproducirlos por sí mismo.

“Quería hacer lo que mi madre cocinaba”, ha explicado. Aquella curiosidad acabó convirtiéndose en una señal clara de que tenía una habilidad especial. Mientras otras materias le costaban, en la cocina comprendía los procesos, recordaba sabores y encontraba soluciones de manera intuitiva. Cruz empezó a descubrir que quizá su futuro no estaba en aquello que se le exigía académicamente, sino en algo que ya formaba parte de su vida cotidiana.

Su madre fue el primer gran referente

El chef habla de su madre como una de las personas más importantes de su vida. “Es la que regaló su vida a la familia”, ha afirmado al recordar el esfuerzo que hizo para mantener unidos a todos. Su cocina no era únicamente alimentación: era también una forma de cuidar, organizar la casa y transmitir cariño sin necesidad de grandes discursos.

Jordi Cruz   Instagram
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Jordi observaba esos platos y quería entender cómo se hacían. Intentaba copiarlos, repetir técnicas y conseguir que el resultado se pareciera al original. Poco a poco comprobó que tenía facilidad. “Vi que para eso tenía virtud y tenía talento”, reconoce. Lo que empezó como una imitación doméstica terminó convirtiéndose en la primera pista seria de una vocación profesional.

Encontró su lugar donde menos lo esperaba

Esa experiencia también cambió la manera en la que se veía a sí mismo. Ser un estudiante poco brillante podía hacerle pensar que tenía pocas capacidades, pero la cocina le demostró que el talento no siempre aparece en el aula. Encontrar una actividad que dominaba le proporcionó confianza y una dirección concreta cuando todavía estaba construyendo su identidad.

Con el tiempo, aquella obsesión por reproducir los platos de su madre terminó llevándolo a convertirse en cocinero profesional y a desarrollar una carrera de enorme reconocimiento. Cruz no presenta su historia como la de alguien que siempre supo cuál sería su camino. Al contrario. primero tuvo que descubrir en qué era bueno. Su madre fue la referencia que le permitió hacerlo. Mientras él sentía que fallaba en muchas cosas, la cocina le ofreció una excepción. Allí encontró habilidad, disciplina y una forma de expresarse que acabaría definiendo toda su vida profesional.