En una vida pletórica de éxitos profesionales como ha tenido Eugeni Sallent, fallecido este miércoles muy prematuramente a la edad de 63 años, al menos tres de ellos merecen ser conocidos y explicados tal como los viví en su momento. El primero fue la víspera de Sant Jordi del año 2009, del que se cumplirán en unos meses 17 años. Rac1, la emisora que a principios de siglo había nacido con vocación de liderar un proyecto privado de radio en catalán, había alcanzado en un tiempo récord su objetivo: era la radio más escuchada del país. Sallent irrumpió en mi despacho, casi sin creérselo: "Lo hemos conseguido", gritó exultante. Muchos se anotaron aquel éxito, cosa hasta cierto punto normal en un país donde pueden más los egos y las envidias que la generosidad y la humanidad. Sallent tenía raudales de lo segundo y se reía de lo primero, que desde su despacho en la planta quince de la Diagonal veía tan a menudo. Tanto es así que en la portada de La Vanguardia del día siguiente, que recogía el liderazgo de Rac1, había dejado todo el protagonismo de la foto de la primera página a Jordi Basté, Toni Clapés y Toni Soler, en una de las grandes imágenes de Pedro Madueño. Aquel día, quizás, quién sabe si Sallent, de manera del todo involuntaria, empezó a pensar en su marcha y en la necesidad de abordar un nuevo proyecto profesional.
Eugeni Sallent, más allá de ser un magnífico director de orquesta, en Rac1 era un gran descubridor de talentos. Era una cualidad innata y nada le ponía nervioso. Abordaba los cambios en la parrilla y la negociación con los conductores de los programas, como si se sentara siempre con un grupo de amigos. Muy pocas semanas después de alcanzar el liderazgo, tuvo su primera prueba de fuego: Minoria Absoluta, el programa de Toni Soler, Queco Novell y Manel Lucas, bajaba la persiana después de nueve años en antena. Sallent tuvo en aquel momento una idea que daría paso a uno de los grandes fenómenos radiofónicos de este siglo: La Competència, con Òscar Dalmau y Òscar Andreu, un programa de humor basado en hechos reales, como dicen ellos. El director de Rac1 estaba asustado y creía que su propuesta podía no prosperar. Estaba convencido de que los Óscar triunfarían y que superarían a Minoria Absoluta. Personalmente, opinaba lo contrario y le dije que era un error no insistir con Toni Soler. Pero su decisión era firme, necesitaba ayuda y la tuvo. Bien se podía permitir un error después de su éxito con el recién estrenado liderazgo. Obviamente, él tenía razón y los demás no servíamos para adivinar qué sería un fenómeno radiofónico.
Eugeni Sallent, más allá de ser un magnífico director de orquesta, en Rac1 era un gran descubridor de talentos
En abril de 2012, la Corporación Catalana de Mitjans Audiovisuals lo nombra director de TV3 en sustitución de Mònica Terribas. Hacía tiempo que la CCMA iba detrás de Eugeni Sallent, ya que quería colocar al frente de la Televisió de Catalunya una persona que hubiera triunfado en el mundo audiovisual y no había otro nombre que le pudiera hacer sombra. Una conversación con Artur Mas, entonces president de la Generalitat, fue definitiva. Sallent no tendría cortapisa alguna por parte del Govern y su nivel de independencia sería absoluto. Sin esas garantías estaba dispuesto a no coger el cargo. Sus primeras palabras fueron una declaración de intenciones: "Lucharé para que TV3 siga siendo la televisión preferida de los catalanes". Como dijo en su despedida, en 2016, su gestión se solapó con una crisis económica muy severa y una situación política muy convulsa. Pese a ello, TV3 pudo mantener el liderazgo, sin perder el verdadero sentido de servicio público que convierte a la cadena en la televisión nacional de Catalunya y referencia de la mayoría de los catalanes.
Viajó por el mundo a partir de entonces, ocupando diferentes cargos directivos en el extranjero de Mediapro: México, Colombia o Italia fueron destinos de los que solía hablar con orgullo. Así, hasta que el cáncer entró en su vida. Pese a ello, nunca dejó de hacer planes, con su familia y su círculo de amigos, pero también profesionales. De estos últimos solía decir estos últimos tiempos que le ayudaban a no estar pensando siempre en la enfermedad. Habíamos quedado con él hace un par de semanas, pero una imprevista neumonía cambio estos planes y este miércoles a mediodía he sabido, en el plazo de una hora, que se estaba apagando y que se había marchado. Muy poco tiempo para hacerme a la idea de que ya no volveríamos a hacer planes o a recibir un WhatsApp explicándome las ganas que tenía de hacer muchas cosas.