Los fastos de coronación de Carlos III como rey, celebrados este sábado en la abadía de Westminster en Londres, convirtiéndose así en el 62 monarca que ocupa el trono de Gran Bretaña en los últimos 1200 años, fueron básicamente una ceremonia antigua, carente de glamour y con unos actores, el nuevo rey y su esposa Camila, aburridos y que nunca aparentaron ser lo que ya son. La monarquía británica va a tener que hacer esfuerzos para sobreponerse a la imagen de una pareja que el mejor servicio que hubieran podido hacer a la institución era, muerta la reina Isabel, ceder el testigo al heredero, Guillermo, Príncipe de Gales, y que cumplirá 41 años este mes de junio. Los más de 60 millones que se considera que han costado los actos de la coronación no habrán servido de mucho.
Muchos son los retos a que se enfrenta la monarquía. El primero, un gobierno débil, fruto de las sucesivas crisis en el ejecutivo conservador, que ha tenido tres inquilinos del 10 de Downing Street en el último medio año: hasta septiembre, Boris Johnson, durante unas semanas Theresa May y actualmente Rishi Sunak. Así es imposible estabilizar un partido, y las encuestas les vaticinan una severa derrota frente a los laboristas. Esta situación de los tories, unida a la salida de la Unión Europea y sobre todo a la gestión de la misma, ha generado un enorme malestar en el país que un rey novato, pese a que cumplirá este año 75, tampoco ha sabido capear.
En las calles de Londres se han visto más republicanos que nunca, algunas detenciones y protestas. En Escocia, unas 20.000 personas han salido a las calles de Glasgow para exigir la independencia. No ha sido solo un acto político contra Londres y su gobierno, sino también contra la monarquía británica. El dique de contención que era Isabel II para los independentistas escoceses, no parece serlo Carlos III o, al menos, con la misma fuerza y la misma autoridad.
En el partido del Celtic F.C. de Glasgow, la multitud le dedicó durante un rato cánticos contra su coronación. Las últimas encuestas apuntan que un 58% de los británicos creen que la monarquía es buena para el Reino Unido. Está por encima del 50% pero en 2012, hace una década, el porcentaje era del 73%. Quince puntos perdidos en once años es más de un punto por año, y los cálculos son muy sencillos de hacer.
Las monarquías son fundamentalmente historia y glamour. Sin él, poca cosa queda, y las repúblicas acabarán abriéndose paso. Carlos III perdió su chance el día que falleció Diana de Gales, el último portaestandarte, con Isabel II, capaz de gestionar la imagen de la Casa de Windsor. Carlos III es para la opinión pública británica un rey anodino, excéntrico y que suele meter la pata más de lo habitual. Claro que comparándolo con la monarquía española, su posición es mucho mejor y la valoración de su propia opinión pública, también.