La derrota del Fútbol Club Barcelona frente al Atlético de Madrid la noche del pasado miércoles es de aquellas que hacen daño. Primero, por imprevista. Segundo, por injusta. Y tercero, porque, por una razón o por otra, el equipo blaugrana hace ya muchos años que levantó la última orejona, en mayo de 2015 frente a la Juventus italiana. De aquel equipo de entonces en Berlín, conformado por un once titular en el que figuraban Ter Stegen, Dani Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba, Busquets, Rakitić, Iniesta, Messi, Luis Suárez y Neymar, y a lo largo del partido se sumaron Xavi, Mathieu y Pedro, ya no queda ninguno en la actual plantilla. Alguna otra Champions hubiera tenido que figurar en las vitrinas del FC Barcelona, pero la mala suerte o los errores cometidos han convertido los once años transcurridos en una difícil travesía. Por eso, cuando el pasado año Hansi Flick dio con las teclas para configurar una plantilla ganadora y se ganó la Liga y la Copa del Rey, la ansiada Champions no parecía un disparate. La eliminación injusta por el Inter dejó a los blaugranas sin el sueño de la nueva generación liderada por los Lamine, Pedri, Fermín, Eric, Gavi y un grupo de jóvenes que están llamados a marcar una época

Esta temporada, todos los sueños estaban puestos nuevamente en la orejona, un título que el equipo necesita imperiosamente para dar un salto imprescindible en el reconocimiento internacional de una generación, como lo logró el año pasado el Paris Saint-Germain del asturiano Luis Enrique. Pero el infortunio se alineó con el Barça frente al equipo colchonero. El resultado es inamovible, ciertamente. Pero hubo una actuación arbitral delictiva del árbitro rumano István Kovács, que tuvo cuatro intervenciones decisivas y que condicionaron el resultado: la primera, una expulsión rigurosa y muy discutible de Pau Cubarsí en el primer tiempo. La segunda, no sacar una tarjeta amarilla a Koke en alguna de las dos entradas violentas a Lamine y que hubieran supuesto su expulsión. La tercera va unida a la cuarta, en una de las acciones de pérdida de tiempo del Atlético —algo que es molesto pero no sancionable—, el portero Musso y un central se acercan al balón para esperar unos segundos a ponerlo en juego y entonces sucede algo claramente no reglamentario: Musso saca la pelota, que pasa de estar quieta a rodar, y Marc Pubill la controla y la coge con las manos. Es un penalti de manual con el reglamento, que no admite discusión, y, además, era la segunda amarilla para el central colchonero.

Una eliminatoria de Champions son 180 minutos y faltan 90, tiempo más que suficiente para que el equipo blaugrana le dé la vuelta, como ha hecho en situaciones anteriores

El Barça, sin disputar un partido extraordinario, tendría a estas alturas un resultado muy diferente. La UEFA pondrá al árbitro rumano en la nevera y no pitará en ninguna competición europea en lo que queda de temporada, pero eso a estas alturas es casi irrelevante. Igual que la reclamación que ha formulado el club a la UEFA y que tenía que llevar a cabo aunque solo sea para que conste que aquí nadie se chupa el dedo. No tiene lógica alguna que el Barça sea el equipo con más expulsiones en la Champions en los últimos diez años, algo que cuesta justificar, ya que su sistema de juego de tener la posesión del balón y estar más tiempo en campo contrario reduce, lógicamente, las posibilidades de que cometa una falta. Han sido rojas que le llevan a liderar una estadística que le sitúa desde la temporada 16/17 con un total de 12 tarjetas rojas. La relación con la UEFA nunca ha sido fácil, pero se estropeó de verdad en 2021 con el anuncio de su participación en la Superliga. Luego se volvió aún más áspera por los expedientes, los pleitos y las fricciones financieras con UEFA.

Ahora, aunque el Barça ha hecho esfuerzos para congraciarse con Ceferin, los resultados no han sido, hasta el momento, muy satisfactorios. Veremos en el futuro. Antes, el próximo martes día 14, el equipo blaugrana disputará el partido de vuelta en el Riyadh Air Metropolitano y lo hará con un 0-2 en contra. Superar la eliminatoria no es fácil, pero el Barça tiene equipo para remontar y acceder a semifinales de la Champions, donde le espera el Arsenal o el Sporting de Portugal. Una eliminatoria de Champions son 180 minutos y faltan 90, tiempo más que suficiente para que el equipo blaugrana le dé la vuelta, como ha hecho en situaciones anteriores. El fútbol de este nivel se decide por una combinación de detalles y de suerte. Al Barça todo le salió en contra el miércoles en el Spotify Camp Nou, pero un gran equipo se recupera de estas situaciones y en Madrid será otro partido. Y el premio es lo suficientemente alto para volver a casa con la eliminatoria en el partido. En estos jugadores hay que confiar siempre.