Aunque el camino hacia la desaparición de Ciudadanos parece irreversible después de la pésima gestión de Inés Arrimadas al frente de la formación naranja, este viernes uno de sus colaboradores, Edmundo Bal, abogado del Estado y diputado por Madrid, que se hizo famoso cuando dirigía los servicios jurídicos del Estado y dejó el cargo porque se negó a omitir la violencia en el delito de sedición en el juicio del procés, ha anunciado que le disputará el cargo de máximo dirigente del partido en el congreso del próximo mes de enero.
Cuando Arrimadas parecía más dedicada a cambiar el color del anagrama del partido e incluso, quien sabe, si el mismo nombre de Ciudadanos a la formación que creó Albert Rivera en 2006, Bal ha dado un paso al frente pese a su escaso bagaje político. No suponen uno u otro cambio alguno, ya que si Arrimadas hizo su carrera política a lomos del anticatalanismo más visceral y como un agente generador de odio entre catalanes, Bal hizo bandera de cómo el gobierno Sánchez le había intentado cambiar la posición de la Abogacía del Estado en el juicio del procés y por eso se fue.
Credenciales la de uno y la de otro ya amortizadas por el Madrid político, judicial y mediático, que tienen el espacio de la derecha suficientemente cubierto con el Partido Popular y con Vox. Sus últimos resultados en las autonómicas de Madrid y de Andalucía, donde Cs no superó el listón para tener representación y quedó como una formación extraparlamentaria, fue la inequívoca señal de que su final era irreversible. Todo lo que ha sucedido desde entonces han sido contorsiones para aparentar que siguen en la pista de la política cuando lo único que le quedan son restos de elecciones anteriores.
En Catalunya, la plaza donde se hizo fuerte Ciudadanos y que le permitió utilizarla como palanca de crecimiento en España, incluso el PSC le ha mordido con fuerza entre su electorado, sobre todo en el área metropolitana. Con esta coyuntura por delante y dada la nula implantación de PP —excepto en Badalona y veremos en Castelldefels— y Vox, los socialistas han podido reforzar una ya por si posición electoral muy fuerte en toda la conurbación de Barcelona.
Dice el refrán que a perro flaco, todo son pulgas. Y en política saber leer el momento para irse es mucho más importante que amarrarse al mascarón de proa al precio que sea. A Inés Arrimadas, el momento para irse hace tiempo que le pasó por delante y no lo aprovechó.