Entre los errores de Pedro Sánchez, incapaz de levantar el vuelo del partido desde que asumió el cargo, en julio de 2014, y el golpe de Estado propiciado estas últimas horas por la nobleza del PSOE para cargarse al secretario general se concentra la historia de un partido a la deriva que tiene muchos números de acabar siendo una formación política intrascendente en la vida pública española durante mucho tiempo. Quien sabe, si definitivamente. Pedro Sánchez resiste (a las 21h del jueves) en su cuartel general de Ferraz, aunque nadie sabe durante cuanto tiempo. Enfrente, la historia viva del PSOE y muchos de sus barones que están intentando un vuelco en la dirección y coger las riendas del aparato. Reina el caos mientras militantes y votantes sienten seguramente un gran bochorno con el denigrante espectáculo.

El guión es del todo surrealista: el generalato del partido quiere tumbar a Sánchez porque no facilita la investidura de Mariano Rajoy y un gobierno del Partido Popular. Lo quiere derribar, no por sus políticas concretas, ni por sus resultados (cada vez más malos). Y lo más curioso es que, seguramente, los militantes revalidarían la actitud del secretario general. Pero eso está lejos de llegarse a producir ya que el golpe es enormemente virulento y ha hecho saltar anclajes y alianzas históricas. Por ejemplo, ha roto el eje en el que se ha movido el socialismo en toda la transición y que no ha sido otro que la alianza entre el vasco y el andaluz. Hoy las decisiones se piensan en Sevilla, se toman en Sevilla y se ejecutan en Sevilla. Esta fractura se ha convertido en territorial ya que además del socialismo vasco, el catalán, el gallego y el balear se alinea con Sánchez. El resto está teñido de susanismo, que es como se conoce a los partidarios de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz.

Mientras la carnicería socialista cae de uno u otro lado, sí parece despejarse el horizonte electoral: nadie sabe el desenlace final de la batalla en el PSOE pero el sector que resulte ganador no podrá abordar unas nuevas elecciones por la fractura del partido. Los susanistas ya no las quieren y el sector de Sánchez, de ganar la refriega interna, saldrá exhausto de la batalla. Lo más paradójico de todo es como Mariano Rajoy, sin desplazarse lo más mínimo desde el 20 de diciembre, tiene al alcance de su mano mantenerse otra legislatura en la Moncloa. El PSOE destrozado, C's saliendo de sendos roscos en Galicia y País Vasco, y Podemos peleándose Iglesias y Errejón sobre el modelo de partido. Chapeau.