Acostumbrados a otros veranos en los que la política, tanto la catalana como la española, tenia su actividad durante el mes de agosto, bien fuera, por ejemplo, por si iba a haber elecciones o no; este mes de agosto ha arrancado con Leo Messi como único protagonista de la actividad informativa. Así llevamos desde el miércoles en que se conoció la bomba informativa de que el astro argentino no continuaría en el Barça al no haber encontrado el club una fórmula para sufragar su elevado salario y que la entidad pudiera cumplir el obligado fair play financiero. El resto de temas que asoman la cabeza son aquellos que los periodistas llamamos “de nevera”, porque se han hecho hace unas semanas para cubrir el tedio informativo de la canícula veraniega.

Ni los Juegos Olímpicos, siempre refugio informativo cada cuatro años, han tenido el sabor y el glamour de tiempo atrás. Bien sea por la pandemia y los estadios sin público, o por el agotamiento psicológico del coronavirus, que hace que la gente no esté para muchas otras cosas que no sea seguir y seguir la evolución de contagios, hospitales y UCIs en una espiral agotadora y, por ahora, interminable, o quizás porque no ha habido una estrella deportiva indiscutible que simbolice los JJ.OO. de Tokio 2020 (aunque se hayan celebrado en 2021).

Por allí ha aparecido Miquel Iceta, ahora ministro de Cultura y Deporte. Todo un personaje, descontento hace no tanto tiempo con la cartera que le había asignado Pedro Sánchez en la última remodelación, se ha presentado siempre risueño, perfectamente uniformado como uno más de la delegación española, y ha estado presente en varias finales del equipo de fútbol y de balonmano masculino, por ejemplo, y de waterpolo femenino, todas ellas perdidas. Suerte, ciertamente, no aportó.

Pero Messi sigue siendo el rey informativo, y una parte del mundo barcelonista sigue esperando un milagro para que el jugador continúe las dos temporadas que al aficionado se le había dicho que iba a seguir luciendo la camiseta azulgrana. Este domingo, el astro argentino ofrecerá una conferencia de prensa que, en principio, servirá para despedirse de la afición. No parece que en un nuevo giro de guion queden trucos de magia por hacer y que Joan Laporta tenga ningún as para revertir la situación.

Ni la cumbre de este mediodía del sábado entre Laporta y Florentino Pérez con el presidente de la Juventus, Andrea Agnelli, en Barcelona, para tratar de reflotar la, por ahora, fallida Superliga Europea, sirve como cataplasma para la herida emocional del barcelonismo, que se ha echado en manos de Messi como nunca antes había sucedido en un club con 121 años de historia.