Euskadi y Galicia celebrarán este domingo unas elecciones absolutamente atípicas ya que la anomalía de un gobierno español en funciones desde hace más de nueve meses ha contaminado toda la aburrida campaña y marcará la actividad política a partir del lunes. Sobre todo porque si aciertan las encuestas no se esperan cambios significativos al frente de los dos gobiernos autonómicos y enseguida Rajoy, Sánchez e Iglesias recuperarán todo el protagonismo. Tanto Urkullu como Feijóo han llevado a cabo una campaña muy presidencialista. El primero porque en el peor de los casos deberá buscar alternativas a un gobierno con el PSE, si el hundimiento de los socialistas es tan abultado como pronostican las encuestas, pero la presidencia no estará en discusión. Feijóo, en cambio, ha apurado esta estrategia porque las debilidades de sus rivales son importantes y la fórmula ya funcionó muchos años con Fraga.

Cualquier resultado que no fuera éste será una sorpresa, aunque también es verdad que en las últimas ocasiones las empresas demoscópicas han fallado bastante. Aparentemente, tan imposible parece otro resultado que los focos mediáticos están ya puestos -si han desaparecido en algún momento- sobre Pedro Sánchez y su intención de buscar apoyos para un gobierno que saque a Mariano Rajoy de la Moncloa. El movimiento de Sánchez tiene hoy por hoy todas las características de una operación suicida: Ni la quieren los suyos ni tampoco sus posibles aliados. Entonces, ¿como se lo va a hacer Sánchez?

Miquel Iceta, uno de los pocos barones territoriales importantes que tiene Sánchez inequívocamente a su lado, apuesta por introducir un matiz: hay que negociar con el independentismo catalán si se quiere sacar a Rajoy. Este movimiento es sin embargo un mero brindis al sol, ya que barones como la presidenta andaluza o el presidente extremeño no quieren ni oír hablar de los votos de ERC y PDC para llegar a la Moncloa. Pero es que además ni republicanos ni exconvergentes le darían ahora los votos sin un compromiso de celebrar un referéndum. Esta posición es ya muy definitiva para que el independentismo catalán tuviera margen de corregirla. Resumiendo: todo vuelve a estar donde el principio a menos de que el domingo por la noche algún elemento imprevisto altere el carril en el que está la política española. Aburrida y sin solución.