El Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado este jueves en un pleno extraordinario la propuesta de los grupos municipales de Esquerra y Junts per Catalunya para retirar la medalla de oro y otros títulos honoríficos y reconocimientos personales a Juan Carlos I, otorgados a lo largo de la historia por el consistorio. La aprobación ha tenido su miga: primero, los comunes se han abstenido y con ellos, obviamente, la alcaldesa Ada Colau. Así los votos a favor han sido solo de quince y no de veinticinco; segundo, los votos en contra han sido catorce pero hubieran sido dieciséis si los dos concejales de Barcelona pel Canvi, Manuel Valls y Eva Parera, hubieran estado presentes.

Los juegos malabares de los comunes con una cuestión a la que, en principio, son claramente favorables, por el simple hecho de que había hecho una reprobación al Gobierno español por haber protegido al emérito en su huida, cosa que, por otro lado, el mismo Pedro Sánchez ha reconocido, evidencia una escala de intereses. Pero el absentismo de Valls y Parera es ciertamente de nota, ya que con ellos en la sala de plenos no hubiera prosperado el rechazo del consistorio a Juan Carlos I.

Porque por más que haya palabras vacías, como dice el refrán "obras son amores y no buenas razones". Porque si bien es cierto que en Barcelona existe una amplia mayoría republicana a favor de quitar los honores concedidosa Juan Carlos I, primero como príncipe y después como rey, esta mayoría no debería peligrar por motivos partidistas. Se está o no se está y un tuit no puede sustituir una votación en el pleno del ayuntamiento. ¿Que ERC y JxCAT han intentado poner a Ada Colau en un problema? Seguramente. Pero la política también es eso y las prioridades deberían estar claras.

Según una encuesta publicada por ElNacional.cat el pasado mes de julio y elaborada por el Instituto Feedback, si se convocara un referéndum sobre la monarquía española, el 69% de los catalanes votarían a favor de la proclamación de la república y solo el 20% estaría a favor de la continuidad de la monarquía. Una mayoría muy amplia que obliga a todos sus defensores a persistir no solo cuando las condiciones son fáciles sino, sobre todo, cuando son difíciles.

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