El F.C. Barcelona ha conquistado en Granada su XXIV campeonato nacional de Liga y el sexto en los últimos ocho años. La supremacía del equipo blaugrana sobre el terreno de juego es un hecho incontestable por más que este año, en un cúmulo de desgraciados incidentes, no estará en Milán disputando la final de la Champions y perderá una oportunidad inigualable de ser el primer equipo en lograrlo dos años seguidos. El deporte tiene estas cosas y por eso serán el segundo y el tercer clasificado de la Liga española los que disputarán el partido en el Giuseppe Meazza.

Pero ese lógico punto de amargura no resta méritos a un equipo capaz de sobreponerse a circunstancias sobrevenidas y excepcionales como es el hecho de que sus dos astros, Messi y Neymar, tengan problemas y no menores con la justicia. Pero en esta recta final del campeonato, cuando el argentino y el brasileño parecían faltos del ímpetu para ser el factor desequilibrador, el aficionado blaugrana ha descubierto a Suárez no solo como el gran rematador que había demostrado ser sino también como el mejor 9 de las últimas décadas. 37 goles en el campeonato, 14 de ellos en los últimos cinco partidos son una cifra de leyenda.

Si las cosas no se tuercen, el Barça cerrará la temporada con dos títulos (a expensas de que gane la final de Copa el 22). El equipo blaugrana, con un patrón único al que se le han ido haciendo ajustes desde que lo empezó a aplicar Cruyff, tiene tres retos por delante: acertar en la confección de una plantilla más armónica que la actual, ser capaz de rentabilizar mejor económicamente el gran caudal de éxito deportivo que arrastra y recuperar la Masia como suministradora de energía renovada al primer equipo, algo que ahora no sucede. Pero hoy toca disfrutar de un campeonato ganado con justicia en la Liga más competitiva de Europa.