No debe haber mayor frustración para un gobierno que no poder atender las necesidades de sus ciudadanos. Si, además, este fracaso se produce en una situación como la actual, en que los recursos económicos son entre escasos y nulos, no es extraño que el Govern de la Generalitat se atribuya la condición de país pobre a la hora de no disponer de la tecla para convertir en ayudas la penuria de muchos ciudadanos, que han visto como sus negocios o sus puestos de trabajo desaparecían. No somos Estados Unidos, ni Alemania, ni Japón, ni el Reino Unido, pero estamos, con la última estimación del Fondo Monetario Internacional, por delante de Polonia, Bélgica o Suecia por citar tres países europeos.
Pero lo cierto es que los ciudadanos miran a sus gobiernos en el caso de la pandemia, y el Govern, que no puede desentenderse, solo puede que mirar a Madrid, o sea, a la Moncloa, que es donde está la única llave para obtener algo de liquidez con la que aliviar a los sectores más perjudicados. Y lo único que uno recibe de la Moncloa son promesas o numeritos imaginativos para traspasar el problema a otro. Todo, menos ayudas directas, y que los gobiernos autonómicos se espabilen como puedan. En ayudas directas, España no ha llegado a la mitad de países como Alemania, el Reino Unido o Estados Unidos.
Y llegados a este punto, uno tiene que preguntarse por qué diablos desapareció de la agenda política de los partidos la denuncia del déficit fiscal que padece Catalunya y que en diferentes momentos economistas de prestigio han situado en unos 16.000 millones anuales. Desconozco cuál debe ser en estos momentos, pero la cifra calculo que no debe ser muy diferente. No es difícil imaginarse todo lo que podría hacer el Govern, no con esta cifra que es la que le correspondería sino, digamos, con la mitad: 8.000 millones. Para que nos hagamos una idea, el Departament d'Empresa destinará a partir del lunes a la segunda línea de ayuda a la restauración, los centros de estética y belleza y las tiendas de centros comerciales una partida de 60 millones. O las ayudas a los autónomos, que según los datos del Govern anunciados por Pere Aragonès, se elevarán a 264 millones.
¿Cuántas partidas como la de los autónomos cabrían con otros 8.000 millones? Un total de 30 nuevas líneas de ayuda de 264 millones. Es evidente, por tanto, que la reivindicación del déficit fiscal tiene que estar en la agenda de los partidos catalanes, ya que sin autonomía financiera no hay autonomía política. Y ya se llegará a la independencia, pero por el camino la reclamación del déficit fiscal es algo más que una exigencia. Es una necesidad.