La gestión de la buena convivencia entre grandes superficies y pequeños comercios es un decisión fundamental en el modelo de desarrollo de cualquier ciudad. Especialmente en aquellas de menor envergadura.

Y más allá de cualquier debate sociopolítico o de sobremesa, la apertura de grandes supermercados en ciudades que cuentan con menos de 10.000 habitantes supone el cierre de entre un 20% y un 30% de pequeños establecimientos en el centro durante los cuatro siguientes años a su instalación, según queda reflejado en un estudio realizado por el Instituto de Economía de Barcelona (IEB) e impulsado por la Obra Social "la Caixa". Un porcentaje que se materializa con el cierre de entre 15 y 20 pequeños comercios de alimentación, de los que luego una gran mayoría, entre 10 y 15, vuelven a estar ocupados por negocios de otros sectores.

Más concretamente, un 60% del pequeño comercio que cierra sus puertas pasa a convertirse en establecimientos con productos del hogar como muebles, electrodomésticos y textil mientras que el 40% restante se encuentra muy diversificado en todo tipo de negocios como son estancos, quioscos, perfumerías, joyerías y floristerías, entre otros.

Y estos porcentajes están estrictamente asociados con la regulación aplicada ya que según el estudio, los municipios no regulados acaban sufriendo un mayor número de cierres de pequeños comercios que los que sí lo están. Proteger o no al pequeño comercio frente a la amenaza o fuente de oportunidades de las grandes superficies. 

En el centro de la polémica

La apertura de grandes supermercados no cuenta con un veredicto unánime entre los expertos como tampoco entre la ciudadanía. Por una parte, los críticos consideran que crea externalidades negativas en el mercado y en las estructuras de la ciudad, incrementando tanto los niveles de polución como el cierre de pequeños establecimientos. Sin embargo, aquellos que se muestran favorables a los grandes supermercados como modelo de desarrollo de consumo en las ciudades, explican que su política de precios suele tener una tendencia a la baja debido a los efectos derivado de las economías de escala, algo que al fin y al cabo, acaba favoreciendo al consumidor final. Al menos en cuanto a precios. 

Y es que a pesar de que los grandes supermercados suponen una amenaza para los pequeños establecimientos, la investigadora del IEB y creadora del estudio, María Sánchez-Vidal ha asegurado que no parece suponer también un peligro para la actividad del centro de la ciudad ya que "los locales comerciales vacíos acaban siendo sustituidos por otros modelos de negocio." Además, cabe remarcar que si la pérdida de puestos de trabajo generada por el cierre de pequeños comercios está compensada por la creación de empleo en los grandes supermercados, entonces el efecto neto de desempleo resulta positivo y la regulación debilita, según el estudio, el empleo local en lugar de protegerlo. 

Periferia y marcas blancas

Por lo general, la actividad comercial está mostrando una clara tendencia a situarse en la periferia de las ciudades, tal y como queda reflejado en el estudio que ha ido registrando todos los casos sucedidos en el conjunto de España entre 2003 y 2011, ya que de los 317 supermercados abiertos a lo largo de este periodo, 88 lo han hecho en municipios y el resto en la periferia. 

Además, el estudio también explica que los supermercados convencionales son los que provocan más cierres sobre las pequeñas tiendas de alimentación del centro de las ciudades mientras que las marcas propias y blancas de las grandes superficies tienen un efecto nulo en el cese de la actividad.  En este sentido, Sánchez-Vidal ha atribuido esto al hecho de que "los consumidores están acostumbrados a comprar unos productos y marcas determinados". Unos hábitos de consumo que una vez establecidos, son muy difíciles de cambiar debido a las comodidades propias de reunir en un mismo local productos similares a los que venden los pequeños establecimientos. Y es que más allá de un firme posicionamiento a favor o en contra de los grandes supermercados, la psicología del consumidor suele ser muy sensible a todo tipo de cambios.

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