Contundente y cruel. Estas son las palabras para definir la victoria del Real Madrid en el Camp Nou de este miércoles. El equipo de Carlo Ancelotti demostró, esta vez en el escenario del enemigo más íntimo, que cuando los hombres que visten de blanco llegan en la portería rival, no perdonan. Este es el análisis de un partido en que, bajando a la realidad y con los pies en el suelo, el conjunto merengue no fue tan superior como reflejó el marcador final.
La primera mitad siguió la tónica del Clásico de Liga. El Barça fue muy superior. De hecho, mereció irse a los vestuarios por delante en el marcador, pero una heroica parada de Courtois lo evitó, siendo artífice del mantra del fútbol. Quien la mete, gana. Y eso hizo Vinícius Júnior, que en cuestión de 20 segundos después del la parada del belga, asestó el golpe psicológico del 0-1 cuando Martínez Munuera estaba tomando aire para señalar el descanso.

Los cambios empeoraron la imagen del Barça
Tal como reconocía Sergi Roberto ya después de la debacle y criticaba Dani Senabre en la "repassada d'en Senabre", el gol al borde del descanso dejó a los blaugrana muy tocados. No obstante, este no significaba otra cosa que el empate en el marcador global y, aparte de que los titulares se hundieron, los que entraron desde el banquillo fueron a peor.
Ferran Torres y Ansu Fati, que parecía que podían haber ganado confianza con sus goles ante el Elche, entraron desde el banquillo sin aportar nada. Xavi Hernández creyó que podrían revolucionar el partido, pero, lejos de hacerlo, cayeron en la gris aportación que vienen firmando durante toda la temporada.
Ambos se saben muy cerca de la puerta de salida y parece que durante la noche de este miércoles se resumió todo en un partido. Ambos extremos no sumaron al equipo, pero Eric Garcia, que también entró de suplente por un Marcos Alonso que se vio superado, no fue capaz de ofrecer su buena salida de bañón que Xavi pretendía encontrar con su incorporación al partido.

El doble error de Kessie
Además, aparte del error de Franck Kessie cometiendo un penalti infantil, la decisión que lo hizo doble fue que Xavi, inmediatamente después del tercero el partido, lo sacó del campo para, primeramente acabar de minar la moral de un marfileño que venía haciendo un partidazo; y, en segundo lugar, de acabar de romper un medio del campo en el que el componente físico del africano fue echado de menos en los minutos restantes de partido. En definitiva, una gestión de cambios equivocada.