El vestuario del Barça empezó la pretemporada mirando a Hamza Abdelkarim como una apuesta personal de Hansi Flick. El delantero egipcio apenas tenía experiencia al máximo nivel y debía jugar inicialmente con el filial, pero su impacto cambió la percepción. Sus goles, su manera de atacar el área y la confianza del técnico han hecho que muchos compañeros entiendan por qué recibe un trato especial.
Flick ve en el egipcio condiciones que recuerdan a los grandes nueves modernos. Es potente, agresivo en los desmarques, domina el cuerpo a cuerpo y siempre está pendiente del remate. No necesita participar constantemente para influir, porque obliga a los centrales a retroceder y abre espacios para Lamine Yamal, Pedri y los extremos. Esa capacidad explica comparaciones internas inevitables con Erling Haaland.
El doblete que cambió la opinión del vestuario
El punto de inflexión llegó ante el Birmingham City. Hamza provocó y transformó un penalti, y después aprovechó un error defensivo para marcar de nuevo. Hansi Flick destacó que había hecho exactamente lo que esperaba de un delantero centro. Más allá de los goles, valoró su presión, la ocupación del área y la naturalidad con la que interpretó cada ataque.

Los compañeros observaron que no se comporta como un juvenil intimidado. Renunció a parte de sus vacaciones después del Mundial con Egipto para incorporarse a la pretemporada y competir desde el inicio. Esa ambición, unida a su potencia física, ha cambiado la etiqueta de promesa por la de alternativa real. Ya nadie interpreta la confianza de Flick como un simple capricho.
Flick quiere proteger al delantero antes de exponerlo
Compararlo con Haaland no significa que Hamza ya haya alcanzado ese nivel. El noruego lleva años dominando la élite, mientras el egipcio todavía debe mejorar su juego de espaldas, la presión coordinada y la regularidad. La comparación nace del perfil: un delantero poderoso, vertical, obsesionado con el área y capaz de convertir pocas intervenciones en ocasiones claras.
Flick quiere mantenerlo cerca del primer equipo, aunque combine esa dinámica con minutos en el Barça Atlètic. El técnico sabe que exponerlo demasiado pronto puede perjudicarlo, pero también considera que su evolución debe acelerarse junto a los mejores. El vestuario ya entiende por qué es el niño mimado del entrenador. Hamza ha demostrado que posee algo difícil de enseñar: instinto, potencia y hambre de gol. Haaland sigue siendo una referencia mundial; el egipcio, una apuesta prometedora como pocas. Pero su irrupción ha convencido al Barça de que puede crecer hasta convertirse en un delantero diseñado para marcar diferencias durante muchos años.