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Parte del vestuario del Barça no ha recibido con entusiasmo el movimiento por Rodri Hernández. La posible llegada del centrocampista del Manchester City altera jerarquías deportivas y también equilibrios internos. Entre los jugadores más incómodos aparecen Frenkie de Jong y Ronald Araujo, dos veteranos con peso dentro del grupo que entienden que el fichaje puede reducir directamente su protagonismo durante la temporada.

En el caso de Frenkie, el problema es muy claro. Rodri llegaría para ocupar la zona donde el neerlandés necesita sentirse importante: la base del centro del campo. Hansi Flick quiere un jugador capaz de ordenar, proteger a los centrales y gobernar la posesión, exactamente las funciones que convertirían al internacional español en una referencia inmediata y dejarían a De Jong obligado a competir desde atrás.

De Jong ve amenazado definitivamente su sitio

La lesión del neerlandés aumenta todavía más esa sensación. Mientras completa su recuperación, Rodri podría instalarse como titular indiscutible y construir automatismos con Pedri, Gavi o Dani Olmo. Cuando Frenkie regrese, ya no encontrará un puesto reservado. Tendría que demostrar que puede ofrecer algo distinto o aceptar una jerarquía secundaria en un centro del campo diseñado alrededor del campeón español.

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Araujo vive una preocupación diferente. Su posición deportiva no coincide con la de Rodri, pero sí puede verse afectado su liderazgo. El uruguayo ha sido una de las voces fuertes del vestuario y conserva importancia por experiencia, carácter y condición de capitán. Rodri, sin embargo, llegaría con personalidad, prestigio internacional y capacidad natural para asumir responsabilidades desde el primer entrenamiento.

Araujo teme perder su peso dentro del vestuario

Para Flick, ese liderazgo sería precisamente una ventaja. El técnico busca futbolistas que ordenen al equipo, mantengan la calma en momentos difíciles y eleven la exigencia diaria. Rodri reúne esas condiciones y además conoce a buena parte del núcleo español. Su presencia podría convertirlo rápidamente en uno de los interlocutores principales del entrenador, reduciendo el espacio simbólico que Araujo conserva actualmente.

El Barça entiende que estas incomodidades forman parte de cualquier fichaje de máximo nivel. Nadie tiene garantizado su puesto ni su jerarquía por antigüedad. De Jong deberá competir deportivamente y Araujo demostrar que su liderazgo continúa siendo útil dentro y fuera del campo. Rodri no llegaría únicamente para mejorar el pivote, sino que también modificaría el reparto de poder interno. Flick acepta ese efecto porque considera que la plantilla necesita nuevas referencias. Para dos capitanes, en cambio, la operación significa asumir que su estatus puede cambiar sin necesidad de una venta inmediata este mismo verano.