Luis de la Fuente puede ganar el Mundial con España, pero ni siquiera ese éxito parece suficiente para recuperar a Álex Grimaldo. El lateral del Atlético de Madrid está muy molesto con su situación durante el torneo. Ha visto como la selección avanzaba hasta la final sin que él tuviera un solo minuto importante, y ahora, ante Argentina, tampoco espera que el escenario cambie.
La relación está completamente rota desde el punto de vista deportivo. Grimaldo entiende que si De la Fuente no ha contado con él en rondas anteriores, no lo hará en la noche más grande de todas. Una final del Mundial no es el momento de repartir minutos ni de corregir injusticias. Es el partido de las decisiones más firmes.
Grimaldo se siente apartado del grupo
El problema no es solo no jugar. El problema es sentirse fuera del plan en todos los sentidos. Grimaldo llegó al Mundial después de años de rendimiento altísimo en Alemania, mostrando que es un carrilero con mucho recorrido, golpeo, experiencia y capacidad para actuar en todos los puntos de la banda izquierda. Por eso esperaba tener un papel relevante en la selección.
Sin embargo, De la Fuente ha preferido otros perfiles. Ha priorizado el equilibrio defensivo y la confianza que le da Marc Cucurella. Esa decisión puede entenderse desde la lógica del entrenador, pero para Grimaldo supone un mensaje demoledor, ya que no importa su nivel de club, no entra en los planes principales.
La final no arregla nada entre los dos
La final contra Argentina llega demasiado tarde para recomponer la relación. Grimaldo sabe que, si España gana, el relato será de éxito total y nadie discutirá demasiado las decisiones del seleccionador. Si pierde, tampoco parece que su caso vaya a cambiar. En ambos escenarios, su papel ya ha quedado marcado. El lateral no quiere ser un invitado permanente en convocatorias donde no tiene opciones reales de jugar. A su edad y con su trayectoria, necesita sentirse importante, no simplemente completar una lista. Por eso la ruptura parece difícil de reconducir.
De la Fuente puede levantar el Mundial, pero Grimaldo sale señalado como uno de los grandes olvidados del torneo. No por falta de calidad, sino por falta absoluta de confianza. Y cuando un jugador entiende que el seleccionador no lo ve ni siquiera como alternativa, la relación deja de enfriarse: directamente se rompe.
