Luis de la Fuente afronta su primer gran conflicto interno del Mundial. Eric García, Marc Pubill y Martín Zubimendi han llegado al torneo después de completar temporadas de enorme nivel, pero ninguno ha tenido el protagonismo esperado. La falta de minutos empieza a generar incomodidad porque los tres consideran que su rendimiento merecía una oportunidad real.
El caso de Zubimendi es el más llamativo. Fue titular con el Arsenal, campeón de la Premier, y llegó como uno de los mediocentros españoles más fiables. Sin embargo, De la Fuente ha preferido a Rodri, Fabián, Merino e incluso otras combinaciones antes que darle entrada. Su suplencia prolongada ya alimenta dudas dentro del grupo.
Eric García y Pubill no entienden su falta de minutos
Eric García también esperaba tener un papel más importante. Fue uno de los jugadores más utilizados por Hansi Flick en el Barça y su polivalencia le permite actuar como central, lateral o mediocentro. Pese a ello, De la Fuente ha mantenido su confianza en Cubarsí, Laporte y otros defensores, dejando al azulgrana sin la continuidad que parecía justificar su convocatoria.
Marc Pubill vive una situación similar. Su temporada con el Atlético lo consolidó como uno de los laterales más potentes de España, pero todavía no ha podido demostrarlo en el Mundial. El seleccionador ha recurrido a Marcos Llorente y Pedro Porro antes que a él, una decisión que cuesta entender cuando el equipo necesita más profundidad y presencia física por la derecha.
Zubimendi encabeza un malestar que puede crecer
No existe una rebelión pública ni declaraciones contra el entrenador, pero sí una sensación de agravio deportivo. Los tres llegaron después de rendir a máximo nivel y ahora contemplan cómo otros futbolistas mantienen la jerarquía por confianza previa. De la Fuente defiende la estabilidad, aunque esa fidelidad puede convertirse en un problema si España necesita alternativas y sigue ignorándolas.
La realidad es que Eric, Pubill y Zubimendi no están nada a gusto con su ausencia de los planes principales abre una grieta difícil de ignorar. Si España tropieza ante Austria, las decisiones del técnico quedarán bajo examen. Tres de los mejores españoles en sus puestos esperan una oportunidad y cada partido sin minutos aumenta una tensión que puede afectar al vestuario durante la fase decisiva del torneo.
