Luka Modrić habla de su infancia: “La guerra me hizo más fuerte, sigo dejando atrás el miedo a bombardeos"

La serenidad de Luka Modrić esconde una infancia marcada por la guerra. Antes de convertirse en una leyenda del Real Madrid y continuar su carrera en el Milan, el croata conoció el miedo, la pérdida y el desplazamiento. Tenía seis años cuando el conflicto alcanzó el entorno de Zadar.

Su familia tuvo que abandonar su hogar y buscar seguridad. Josip Bajlo, director deportivo del NK Zadar, explicó en Antena 3 que Modrić presenció el asesinato de su abuelo. Según su testimonio, la familia huyó atravesando bosques y montañas. Quedarse podía significar perder la vida.

Aquel episodio forma parte del pasado más doloroso del futbolista. Sin embargo, Modrić no define su niñez únicamente mediante la tragedia. En una entrevista con Slaven Bilić para el programa croata “(Ne)uspjeh Prvaka”, sorprendió al recordar también los momentos alegres que sobrevivieron dentro de aquella situación.

Luka Modric dando órdenes a sus compañeros ante Albania
Luka Modric dando órdenes a sus compañeros ante Albania

La guerra le hizo perder el miedo a Luka Modric

“No fue una infancia fácil”, reconoció. Después añadió un matiz importante: “No puedo decir que fuera infeliz”. Modrić se consideraba un niño feliz porque estaba acompañado por amigos. La guerra condicionaba su vida, pero no consiguió eliminar completamente los juegos, las conversaciones y las pequeñas rutinas infantiles.

La familia vivió refugiada en un hotel. Allí convivían muchas personas obligadas a abandonar sus casas. Los adultos seguían con preocupación las noticias del conflicto. Los niños conocían lo que ocurría. Aun así, buscaban momentos para salir, correr, esconderse, reír y jugar al fútbol durante todo el día.

“Estábamos al tanto de todo lo que pasaba a nuestro alrededor”, contó Modrić en aquella entrevista. La frase muestra que los niños no permanecían aislados del peligro. Escuchaban las noticias y percibían la angustia de los mayores. Pero tener amigos cerca les ayudaba a mantener una cierta normalidad.

Luka Modric abrazo Leo Messi Argentina Croacia / Foto: Robert Michael - Europa Press
Luka Modric abraza a Leo Messi Argentina Croacia / Foto: Robert Michael - Europa Press

El balón para desconectar de los problemas

El balón se convirtió en una pausa frente a la incertidumbre. No solucionaba la guerra ni devolvía lo perdido. Sí le permitía concentrarse durante unas horas en algo diferente. Entre sus recuerdos aparece incluso un detalle sencillo: sus primeras espinilleras llevaban la imagen del brasileño Ronaldo y le fascinaban, según recogió The Sun.

Aquella etapa también ayuda a comprender su personalidad. Modrić aprendió pronto que cualquier seguridad podía desaparecer. Tuvo que adaptarse a un alojamiento temporal y convivir con familias refugiadas. El miedo existía. También la necesidad de continuar. Esa resistencia se vería reflejada en su carrera. Sus números y títulos hablan por sí solos.