La derrota del Barça a manos del Girona dejó heridas importantes en el conjunto blaugrana, que más allá de lo que muestra el marcador, vivió una noche complicada en lo anímico y en lo futbolístico. El equipo cayó en un partido muy competido, pero el momento clave llegó al final de la primera parte, cuando Lamine Yamal falló un penalti que pudo haber supuesto el 0-1 para los azulgranas. El extremo estrelló el balón en el palo en un error que cambió el signo del partido y que acabó molestando a Raphinha.
Ese error no solo tuvo un importante impacto deportivo, sino también interno. El Barça terminó marchándose al descanso sin ventaja y, en la segunda mitad, el Girona fue capaz de golpear con más contundencia y puso el 2 a 1 en el marcador final, dejando unas muy malas sensaciones en el conjunto blaugrana. En el análisis posterior, dentro del vestuario quedó la sensación de que aquel penalti pudo alterar el guion del partido.
División de opiniones a la hora de elegir el ejecutor del penalti
La tensión surgió porque Raphinha también quería ejecutar la pena máxima. El brasileño presume de una estadística casi impecable desde el punto de penalti desde su etapa en el fútbol portugués y se considera uno de los especialistas más fiables del equipo, por no decir que es el que más. Entendía que, en un momento tan determinante y con el partido aún sin goles, debía asumir él la responsabilidad.
Lamine, sin embargo, tomó la responsabilidad de lanzar el penalti. El joven atacante quiso ejercer de lider y demostrar personalidad en un escenario de máxima presión. El fallo posterior intensificó el debate dentro del equipo. Tras el encuentro, ambos protagonizaron un intercambio de palabras de alto voltaje en el vestuario, centrado en la jerarquía de los lanzamientos y en la gestión de decisiones en momentos críticos, donde los egos no deben pesar más que el sentido común.
Una discusión que deja lecciones y alguna secuela
La conversación fue tensa, aunque no pasó a mayores. Más que un conflicto personal, el episodio evidenció que se debe instaurar una jerarquía a la hora de elegir los lanzadores de penaltis. Porque al final del día, lo importante deben ser los tres puntos. Y Raphinha tiene motivos para pensar que si lo hubiera lanzado él, el partido podría haber cambiado mucho. En equipos que compiten por todos los títulos, estos detalles suelen estar cerrados para evitar disputas en el campo como pasó en Montilivi.
El cuerpo técnico es consciente de que el partido se perdió por múltiples factores como la falta de contundencia y los errores defensivos, pero el penalti fallado marcó un punto de inflexión duro de superar. Ahora el reto es reconducir la situación, evitando que el choque pase a mayores entre Lamine y Raphinha.
