La continuidad de Ter Stegen en el Barça no solo ha generado ruido en los despachos, también ha provocado malestar dentro del vestuario. Y aunque muchos han señalado a Joan García como el principal afectado por la situación del portero alemán, la realidad es bien distinta. El futbolista más perjudicado, es el que veía esta temporada como una oportunidad clave para relanzar su carrera.
Se trata de Wojciech Szczęsny. El portero polaco llegó con una idea de ser el primer suplente y tener protagonismo en Copa del Rey o en partidos como rotación. Un rol asumido, lógico y, sobre todo, prometido. Sin embargo, la decisión de mantener a Ter Stegen lo ha cambiado absolutamente todo.
De ser alternativa a tercer portero sin opciones
Con Ter Stegen en la plantilla y Joan García consolidado como una apuesta de presente y futuro, Szczęsny ha quedado relegado a un papel residual. Tercer portero. Sin Copa, sin rotaciones y sin margen para tener minutos salvo una debacle inesperada. Una situación que no entraba en los planes del internacional polaco cuando apostó por el proyecto azulgrana.

En el cuerpo técnico son conscientes del problema. Szczęsny ha pasado de sentirse importante a verse totalmente fuera del mapa competitivo. Entrena, cumple y mantiene una actitud profesional, pero internamente el enfado es evidente. No tanto por Joan García, sino por una planificación que considera incoherente y que le ha cerrado todas las puertas.
Ter Stegen bloquea y el vestuario lo nota
La continuidad de Ter Stegen ha generado un efecto dominó. Joan García sigue teniendo el mismo protagonismo, pero Szczęsny ha sido el gran damnificado. No hay espacio para tres porteros con aspiraciones reales y el polaco lo sabe. Cada semana que pasa sin una salida del alemán refuerza la sensación de que su fichaje ha quedado desactivado antes de empezar.
El Barça, mientras tanto, se enfrenta a un problema que no es menor. Mantener a Ter Stegen puede parecer una solución deportiva, pero está generando tensiones innecesarias y dejando jugadores descontentos. Y en este contexto, Joan García no es el más enfadado. Ese puesto lo ocupa un Szczęsny que se siente engañado y atrapado. Así pues, el caso está abierto. Si Ter Stegen no sale, alguien tendrá que asumir el golpe. Y hoy por hoy, ese alguien es el portero polaco, el gran perjudicado silencioso de una decisión que sigue pasando factura dentro del Barça.