La salida de Ferran Torres al Paris Saint-Germain por 50 millones de euros fue uno de los movimientos que más tensión generó dentro del vestuario del Barça durante el verano. No tanto por la operación económica, que permitía ingresar una cantidad importante, sino porque el delantero mantenía una relación excelente con varios pesos pesados. Pedri fue uno de los que peor encajó su marcha, convencido de que Ferran todavía podía aportar mucho al proyecto de Hansi Flick.
El problema es que no fue un caso aislado. Apenas unas semanas después, la gestión de la salida de Marc Casadó volvió a provocar una sensación parecida entre los jóvenes formados en La Masia. Lamine Yamal, Alejandro Balde y otros compañeros cercanos al centrocampista entendieron que el club había tomado una decisión demasiado contundente con un futbolista muy querido. Dos operaciones diferentes acabaron provocando que una parte del vestuario empezara a sentirse alejada de algunas decisiones importantes.
Ferran abrió una fractura que todavía no se ha cerrado
Ferran tenía mucho más peso del que podía parecer. Su relación con Pedri era especialmente estrecha y también había construido vínculos con otros jugadores. Por eso, cuando el Barça aceptó los 50 millones del PSG, varios compañeros interpretaron que el criterio económico había pesado demasiado frente a lo demás.
Con Casadó ocurrió algo distinto, aunque el efecto fue parecido. El canterano representaba al núcleo joven y tenía una relación especialmente cercana con Lamine. La decisión de entregarle su dorsal a Anthony Gordon incluso antes de que su salida estuviera completamente resuelta tampoco ayudó. Casadó sintió que su etapa estaba terminada antes de poder defender su sitio y su entorno dentro del vestuario recibió el mensaje con evidente malestar.
Lamine Yamal vuelve a quedar en medio
La situación coloca especialmente a Lamine Yamal en una posición incómoda. Primero vio cómo Héctor Fort perdía su sitio, después llegó el caso Casadó y ahora Balde también se encuentra señalado por Flick. El extremo entiende que un entrenador debe tomar decisiones, pero no siempre comparte la manera en la que se están gestionando futbolistas con los que mantiene una relación personal muy fuerte.
El Barça ha conseguido reforzarse y Flick mantiene que sus decisiones responden exclusivamente al rendimiento y a las necesidades deportivas. Sin embargo, el vestuario también funciona mediante relaciones personales. Ferran Torres fue el primero en demostrarlo, pero Casadó confirmó que el problema era más profundo. Dos ventas aparentemente independientes han terminado creando una misma grieta: la sensación de que una parte del grupo está perdiendo demasiado rápido a algunos de sus jugadores más queridos.
