El clima en el vestuario del Real Madrid se ha tensado mucho en las últimas semanas hasta un punto casi imposible de gestionar. La figura de Álvaro Arbeloa, al frente del banquillo, ha dejado de generar consenso y ya no se trata solo de resultados o decisiones tácticas, es algo más humano que otra cosa. Según fuentes cercanas, varios pesos pesados del equipo han empezado a cuestionar abiertamente el liderazgo de Arbeloa.
La situación habría cristalizado en una reciente cena de conjura organizada por algunos referentes del vestuario. Allí, el malestar dejó de ser un murmullo para convertirse en discurso por parte de los pesos pesados. Fede Valverde, uno de los capitanes del grupo, asumió un papel protagonista en la conversación y se mostró especialmente crítico con la gestión del técnico desde que llegó al equipo.
Valverde toma la iniciativa del movimiento
El centrocampista uruguayo considera que el equipo ha perdido identidad y que varias de las decisiones del entrenador no están ayudando a potenciar el rendimiento de los jugadores. En esa reunión privada, Valverde habría sido de los más duros al analizar la deriva del proyecto y la falta de reacción en momentos clave.

No está solo. Futbolistas con peso específico como Dani Carvajal, Kylian Mbappé o Arda Güler comparten buena parte de ese diagnóstico y también están en contra del entrenador. La crítica no se limita al planteamiento táctico, sino que apunta también a la gestión del grupo y a la comunicación interna. En un vestuario acostumbrado a liderazgos fuertes, cualquier síntoma de debilidad se amplifica rápidamente.
El futuro de Arbeloa seguirá en entredicho
La conjura marca un punto de inflexión en la relación de las estrellas del equipo con Arbeloa. Cuando varios referentes coinciden en el malestar las cosas se pueden poner muy serias y complicadas para el entrenador de turno. En este sentido, la continuidad de Arbeloa empieza a depender no solo de los resultados, sino de su capacidad para reconducir la relación con el núcleo duro del equipo.
En el club son conscientes de que un vestuario unido es imprescindible para competir por todos los títulos. Si la fractura se consolida, la presión aumentará inevitablemente y Arbeloa tendrá una diana sobre él. Valverde se ha convertido en el rostro visible de un movimiento que busca un cambio de entrenador. El desenlace dependerá ahora de la respuesta de Arbeloa y de la capacidad del equipo para recomponer la unidad antes de que la tensión derive en una crisis absoluta.