Hansi Flick ha abierto una grieta inesperada en el vestuario del Barça con su decisión de dejar fuera a Alejandro Balde. El técnico explicó públicamente que el lateral no estaba “al 100%” y que debía aclarar sus ideas antes de volver a entrar en dinámica. La medida ha sorprendido porque Balde había rechazado opciones de salida y quería competir por recuperar su sitio.
Dentro del vestuario no ha gustado que la situación se expusiera de forma tan directa. Varios jugadores entienden que Flick tiene derecho a exigir compromiso, pero creen que un asunto de confianza debía resolverse internamente. Lamine Yamal, uno de los amigos más cercanos de Balde, encabeza ese malestar y no comparte que se cuestione públicamente la implicación de un compañero.
Lamine no entiende que Balde quede señalado
La relación entre Lamine Yamal y Balde va más allá del terreno de juego. Ambos mantienen una amistad estrecha y el extremo conoce el esfuerzo que el lateral ha realizado para recuperar su mejor nivel. Por eso interpreta las palabras de Flick como innecesariamente duras, sobre todo después de una pretemporada en la que Balde había trabajado para recuperar sensaciones y convencer al cuerpo técnico.
El problema también afecta a la percepción del grupo. Flick ha construido buena parte de su autoridad sobre la claridad, pero algunos futbolistas temen que esa franqueza se convierta en exposición pública cuando alguien atraviesa un momento delicado. El vestuario acepta las decisiones deportivas, incluso quedarse fuera de una convocatoria, pero considera diferente escuchar al entrenador explicar ante las cámaras que un compañero no está mentalmente preparado.
Flick mantiene su postura pese al ruido interno
Flick no piensa rectificar. El alemán considera que todos deben luchar por el puesto y que nadie puede entrar en el once si no transmite concentración absoluta. Además, la buena actuación de Xavi Espart ante el Elche reforzó su mensaje, ya que quien responda mejor tendrá minutos, independientemente del nombre, la edad o la jerarquía acumulada.
El conflicto no significa una ruptura definitiva, pero sí introduce tensión en un vestuario que había cerrado filas alrededor del entrenador. Lamine no quiere que Balde salga y otros creen que puede ser importante. Flick, en cambio, exige una reacción antes de devolverle espacio. La próxima conversación entre técnico y jugador será decisiva. Si Balde responde, el asunto puede quedar atrás; si vuelve a sentirse señalado, la división crecerá. Por primera vez, una decisión de Flick toca a uno de los amigos más cercanos de Lamine y obliga al grupo a posicionarse.
