Yeremay Hernández ya mira más allá del ascenso del Deportivo. El extremo canario ha sido una de las grandes figuras del regreso del club gallego a Primera y sabe que ahora empieza otra etapa. No quiere romper nada este verano, pero sí entiende que 2027 puede ser el momento perfecto para dar un salto. Y en su cabeza hay un destino por encima del resto: el Barça.
El club azulgrana lleva tiempo siguiendo su evolución. Yeremay encaja en el perfil que gusta en el Camp Nou ya que es un futbolista joven, vertical, desequilibrante y con capacidad para jugar en la izquierda o aparecer por dentro. Su valor ya ronda los 20 millones, aunque el Deportivo lo ha blindado con una cláusula muy superior tras el ascenso, precisamente para evitar una salida improvisada.
El Deportivo marcará los tiempos
En A Coruña no quieren hablar de una venta inmediata. El ascenso ha cambiado el proyecto y el club necesita mantener a sus jugadores diferenciales para competir en Primera. Yeremay es uno de los símbolos de esa nueva etapa, por lo que dejarlo salir ahora sería un golpe deportivo y emocional demasiado grande.
El propio jugador entiende esa situación. Después de lograr el objetivo que tanto esperaba la afición, no quiere aparecer como quien abandona el barco en el primer momento. Su idea pasa por ayudar al Deportivo en su regreso a la élite y, después, sentarse a valorar una salida ordenada si llega una propuesta importante.
El Barça espera a 2027
Ahí es donde entra el Barça. La dirección deportiva sabe que ficharlo ahora sería complicado y caro, pero en 2027 el escenario puede ser distinto. Si Yeremay confirma su nivel en Primera y mantiene claro que quiere vestir de azulgrana, una operación cercana a los 20 millones podría volver a ponerse sobre la mesa.
El problema será convencer al Deportivo. La cláusula es muy alta y el club gallego no necesita vender barato. Pero el deseo del jugador puede ser determinante si se gestiona con calma. Yeremay no quiere forzar una guerra, sino construir el camino. Primero, consolidarse en Primera. Después, escuchar al Barça. Su sueño no ha cambiado: jugar en el Camp Nou y dar el salto definitivo, siempre que todas las partes encuentren una fórmula razonable, sin romper la relación con Riazor ni con su gente más fiel.
